miércoles, 25 de abril de 2012

A propósito de una foto


Hace un par de meses, mi buen amigo uruguayo Miguel Font Brisolez publicó en su blog fotográfico: http:www.flickr.com/photos/mirando_por_los_pixeles una imagen que tituló "Ausencias presentes (as time goes by)", que aquí reproduzco.

Esta imagen me impresionó muchísimo, provocando en mí lo que llamo "resonancia", es decir una respuesta mía interior al hecho exterior, que finalmente se concretó en el siguiente poema, al que no pongo título pues depende de la foto, que ya tiene el suyo.

Descolorida imagen que mi olvido alimenta.
Desnuda, sola hierba; sola, tierna,
germinada elegía.

Desmemoria de sol que áridas sombras crea
en un aire sin aire, amortiguado.
¿Dónde tú, dónde yo y adónde todo?
¿A quién aún aguarda esa desguarnecida
rama que, de un vacío, en vano extiende
su sombra acogedora? El verano pasó.
Voces hubo, y canciones como viento de abriles
o risa de muchachas, tibio temblor precario.
Ahora ¿dónde, dónde?

Herbazales y tiempo detenido.
El hoy es sólo ayer; mañana, nada.

viernes, 6 de abril de 2012

OTREDADES

     Asta, personaje de una novela de Barbara Vine, decide llevar un diario.  Esta danesa que vive en Londres aún no habla bien el inglés, por lo que se siente sola. Este hecho, nos dice, "es una de las peores cosas que he de soportar en este horrible país extranjero."  El cuaderno -asegura- aliviará un poco su soledad;  tendrá algo que hacer cuando sus  hijos estén  dormidos, "alguien con quien hablar" y podrá "contar historias."  Le gusta contarse a sí misma esas historias "tanto verdaderas como inventadas", para evadirse de una realidad evidentemente poco gratificante.
    
     Contarse historias. Especialmente, las inventadas. Fantasear. Es una tendencia de la especie.  De niños, los libros, el cine disparan nuestra imaginación, haciéndonos discurrir mil aventureras peripecias.  Más adelante vendrán las play station, juegos de rol, fantasías sexuales... ¿Y qué son las ilusiones, fervientemente sustentadas, sino fabulaciones a las que nuestro anhelo augura un happy-end que casi nunca llega?  Fantasías, castillos de naipes.  Nos fabricamos, con porciones de nuestra realidad-real o sin ellas, una realidad-otra más placentera, confeccionada a medida, como un traje.

     ¿Será acaso que el ser humano mantiene siempre latente, en su trasfondo, la tentación de la otredad?  Está en la naturaleza de las cosas que el crío que lee Salgari desee ser el Tigre de la Malasia.  (Salgari, sí; admito que soy antiguo.  De haber nacido sesenta años después, habría leído a Rowling y deseado ser Harry Potter.)  Es igualmente lógico que la persona que compra un billete de lotería divague -como la lechera del popular cuento- sobre la forma en que gastará el premio.  Casi todos aspiramos a tener una vida extraordinaria, ser alguien especialísimo a quien le suceden cosas especiales.  Es decir: deseamos, en algún momento, ser otra persona...  otro.  Aquello que somos y tenemos no nos satisface por completo.  Nos falta algo.  O nos sobra.
     Bruce Wayne es millonario, poderoso, guapo, etc. etc.... Pero arriesga su vida siendo Batman, un justiciero enmascarado que nada ganará con ello excepto golpes y fatigas.  Y el mismísimo Superman, paradigma del Héroe  ¿no ha deseado varias veces, a lo largo de su dilatada carrera de papel y tinta, ser un terrícola cualquiera, corriente y "normal"?

     La mente forjadora de mitos plasmó en ellos sus propias apetencias inconscientes, que las gentes para quienes ese mito se forjó comparten, sustentan y reiteran.  El ser mítico tiene siempre un elemento diferencial, un atributo que lo destaca.  Es el Otro por antonomasia.  Y en ese atributo reside su grandeza y su miseria, recompensa y castigo.  Porque aquello que nos distingue también nos señala, nos segrega, y puede  ser un riesgo en una sociedad que desconfía y abomina de los diferentes.

     Moraleja:  es preferible ser prudentes en nuestras aspiraciones, pues el Otro modélico, superlativo, que ambicionamos ser, podría resultarnos peor que un fiasco: un tiro por la culata.  A fin de cuentas, lo nuestro no está tan mal.
     ¿O sí?

jueves, 5 de abril de 2012

COSÌ

     Hagamos un breve viaje, mayor en el tiempo que en el espacio: a la Nápoles del siglo XVIII, patria de Luca Giordano, la canzone y la pizza.  Escenario: lujosa casa al borde de  una playa.  En la sala, una mesa engalanada con candelabros de plata, servida fastuosamente.  Dos encantadoras damas ferraresas, que se disponen a contraer matrimonio (falso) con dos (falsos) caballeros albaneses, alzan copas en un brindis que, dada la ocasión, podríamos suponer festivo.  Suena la música... pero nada hay de alegre o bullicioso en ese breve canon, sino una melancolía sin equívocos;  la grave, delicada tristeza del mejor Mozart, teñida de desencanto.

               E nel tuo, nel mio bicchiero
               Si sommerga ogni pensiero
               E non resti più memoria
               Del passato ai nostri cor.

     ¡Que no quede ninguna memoria del pasado!  Ida para siempre la nostalgia...  pero también el preciado recuerdo dichoso que la genera.  Desaparecidas las debilidades, errores, cobardías, claudicaciones, falsedades... la mala fe.  Olvido, además  -y principalmente, en este caso-  de la deslealtad hacia los seres amados, forma exterior de la traición a nosotros mismos. 

     Pero... ¡alto!  Ese ayer que se pretende anonadar, es no sólo nuestra única posesión verdadera, sino también el entero basamento de lo que somos hoy, y por tanto de lo que llegaremos a ser mañana.  Renunciar a él podrá evitarnos las torturas provenientes del infierno interior -único real, y sin duda crudelísimo- pero no significará "salvación", sino solamente la pérdida de nosotros mismos.
     ¿Entonces?  Entonces no queda otra vía que la que siempre tuvimos delante, vista, sabida, y sin embargo insistentemente rechazada: la aceptación.   Aprender a vivir con nuestras indecisiones y fallos, nuestras falsedades, remordimientos, culpas, miedos.  Como aquellas damas ferraresas habrían de vivir, si su singular historia tuviese continuación.  Las cosas son como deben ser; es preciso aceptarlas tal cual vienen, con toda su luz y su oscuridad.  En verdad ¿qué otra salvación podemos tener excepto la de ser nosotros mismos, constantes, fieles a nuestro núcleo profundo, a la esencia intocable del sistema que cada uno de nosotros es?

     Finis coronat opus.  La fábula de las dos hermanas de Ferrara culmina de modo agridulce.  Es un cuento, de modo que cada uno puede recrearlo a su manera y, si lo desea, modificar ese final.  En la vida sucede de otra manera: cada peripecia individual llega a término junto con el sujeto que la protagoniza.  Pero ese finiquito, imprevisto o anunciado, resultará inmodificable nada más producirse, y no será tarea nuestra registrar su crónica. 
     Pocos años después del engañoso brindis mencionado, Fígaro marcará una pauta deseable: "Per finirla lietamente e all'usanza teatrale..."  Focos, proscenio, bambalinas.  Antes de que caiga el telón, digamos nuestro monólogo de la mejor manera posible.  Es lamentable pero nadie nos proporciona el texto, ni dirige ensayos;  habrá que improvisar, evitando tartamudeos.  La escena es harto breve, de modo que no perdamos más tiempo:  actuemos.

        

LA VIDA

               What might have been and what has been
               Point to one end, which is always present.

               Lo que pudo haber sido y lo que ha sido
               apuntan a un solo fin, siempre presente.
                                             T. S. Eliot: "Burnt Norton"

     Toda  vida es una historia en potencia.  Toda historia se asemeja a un sueño.  Pero ¿podemos tener la certeza de que algo verdaderamente sucede?  Nada parece tan real como el engaño de nuestros sueños: por alerta que uno esté, el trompe-l'oeil siempre resulta creíble.  Eso afirma Descartes con su "duda metódica":  no podemos fiarnos de nuestros sentidos, pues aquello que nos engaña una vez, puede engañarnos siempre.
     Claro que si entramos en la filosofía hay que tener cuidado de no liarse. Aristóteles dice que sin experimentación no hay verdad; y yo apoyo eso pues me gusta probarlo todo.  Luego aparece Kant: "...todos los objetos de nuestra experiencia posible, no [son] más que fenómenos, esto es, meras representaciones" que "no tienen existencia propia e independiente aparte de nuestro pensamiento." (Crítica de la razón pura) Y eso me gusta aún más:  espacio y tiempo como características que la mente impone al sujeto cognoscente -que soy yo- en tanto consecuencia de su actividad.  Estupendo: la mente impera.
     El problema es que antes estuve de acuerdo con la duda cartesiana y debo ser consecuente, de modo que me veo obligado a decir:  ya, bueno, pues... será así... o no.  Para colmos, ahí están Bergson, Bertrand Russell, Ortega y Gasset, los realistas, materialistas, positivistas... y todos hablan, argumentan...  No, no, basta:  "Human kind / Cannot bear very much reality."  Esto  es:  el género humano no puede soportar mucha realidad.  Eso también lo dijo Eliot, que era sujeto cognoscente igual que yo.  Es lo que tenemos en común (algo es algo). A fin de cuentas, a mí tampoco me queda mucho idealismo.
     Será  mejor dejar de  lado la filosofía.  O quedarse simplemente con aquello de la "mera representación" -representación, interpretación, escena, fábula- y volver atrás, al trompe-l'oeil.  No basta con estar atento, no, pues no podemos aprehenderlo todo.  Cada instante es un Aleph de instantes, abriendo múltiples vías factibles al poder ser;  incontables universos viables, superpuestos, coexistentes.  Tiempo.  Momentos.  Cada uno es una burbuja iridiscente que destella, cálida pero cerrada.  Veloces reflejos tornasolados circulan de una en otra, rebotando; se producen colisiones mínimas, zigzagueo de direcciones dispares, roces, estallidos...  Pero los mullidos interiores sedosos, el hueco puro donde cada cosa madura y es o se malogra, permanece hermético.
     Burbujas.  ¿No hay nada que las cohesione, las amalgame?  ¿Existe en verdad un devenir, un decurso ordenado, en esa danza alocada de diminutas esferas brillantes?  ¿O todo es sincrónico, aleatorio... un espejismo?  Así  pues... ¿existe realmente eso que llamé "una  historia" -la mía, la tuya, la de alguien?
     Que esa turbulencia, maremagnum inabordable, parezca una serie de acontecimientos enlazados de modo lineal, a través de un espacio y un tiempo, no implica que en efecto sea así.
     Reflejos.  Líneas huidizas, precipitándose unas sobre otras para separarse de inmediato.  Nebulosas multicolores.  Sujetos cognoscentes con apetencia de plenitud, tendemos las manos hacia ese resplandor inestable.  Apresando por un segundo retazos de su luz, construimos con ellos un mínimo diseño móvil -apenas trazos esbozados- y, satisfechos, llamamos a eso "la vida".

martes, 27 de marzo de 2012

LO MIO

     Estoy aquí, en lo mío. En esto diminuto, intrascendente, que llamo "lo mío" como si estas palabras fuesen una definición concluyente; como si pudiesen indicar o sugerir algo concreto y bien conocido. Estoy en lo mío porque soy yo (esto último me parece casi indudable, dentro de ciertos límites) y por tanto no podría estar en otra parte. (Aunque... no es seguro que quisiera estar en otra parte. Ni siquiera es seguro que deseara verdaderamente estar.)

     Vivo encaramado a un espléndido árbol otoñal de lustrosas hojas rojo y oro, donde sólo el viento del crepúsculo anida.  Existo absorto, mirando en derredor con una curiosidad apasionada, aunque tan breve que linda con el descuido.  Contemplo fijamente un pájaro que explora la fronda con ojos saltones, o el vertiginoso escabullirse de un insecto -un movimiento de tal intensidad que parece un fin en sí mismo- o el rítmico mecerse de las ramas bajo el soplo fresco del aire. Vigilo, aguardo, busco.  ¿Qué?  No lo sé.  Algo.

     Absorto, observo, soy. La estructura viviente de una hoja -abanico de nervaduras por las que borbotea su sangre verde, nítido contorno de bordes y pecíolos- o su piel firme, tersa, pueden dar origen a una atención reflexiva  terca, intensa. Hasta que otro estímulo eclosiona y se impone, descartando los demás.  Siendo tantos y tan variados e interesantes dichos estímulos, la contemplación deviene incesante, aunque su objeto se desplace permanentemente y cada uno de tales exámenes resulte incompleto por fugaz.  Pero no me importa: soy hombre paciente; no tengo prisa por recopilar todos los datos empíricos para arribar a conclusiones.

     Sin embargo, que no se confunda esto con displicencia. No, no, sin duda tomo muy en serio mi investigación, buscando en todos los fenómenos observados un significado preciso.  Analizo cada uno como una manifestación trascendental que es preciso comprender y explicar (aunque ignore la razón de tal necesidad.)

     No se me oculta que esta metodología experimental conlleva inconvenientes, a causa de la celeridad -que algunos colegas consideran excesiva- con que se suceden las exploraciones. Admito que con frecuencia se solapan imágenes, resultando de ello una mezcla por completo aleatoria de relaciones causales. Así, puedo desarrollar sorprendentes hipótesis acerca del pájaro, originadas por el insecto. O viceversa. (Como lo más probable es que nada tenga en verdad un sentido, esta mínima confusión carece de importancia.  Además considero que así se enriquecen los resultados, dotándolos de un toque de singularidad que puede despertar el interés por las Ciencias en la gran masa ignara, siempre pendiente de lo novedoso.)

     Debo aclarar que, en caso de no haber ave o insecto alguno (o cualquier otra especie de animal vertebrado o invertebrado, incluyendo los mitológicos) yo me lo invento, y  ya se sabe lo árduo que puede ser buscar significados en cosas inventadas.  Aunque muchas veces son las más interesantes. (Y quizás sean, también, las únicas que pueden significar algo.) 

     Mi interés científico nunca se centra en el tronco.  Estoy trepado a él, de modo que carezco de la necesaria perspectiva.  No estoy dispuesto a apearme para estudiarlo correctamente; temo -¡torpe y viejo de mí!- no ser capaz de subir de nuevo. ¿Y qué sucedería si, al pisar el suelo, constatase que también el árbol es inventado?  Uno no puede trepar a un tronco imaginario.  ¿O sí?  (Querer es poder, dicen algunas gentes.)

     En ocasiones me he planteado que mi esfuerzo analítico es inconducente, ya que nunca llego a comprender nada en profundidad. Pero no me desanimo.  No soy hombre fácil de desanimar.  El reconocimiento de la propia ignorancia es inherente a la voluntad de aprender y estímulo sobrado para el esfuerzo.  (Que aprender no sea factible no invalida esta proposición.  Los intentos fútiles son precisamente los que exigen mayor esfuerzo.  Y finalmente:  que una cosa sea imposible es, tal vez, la única razón  para intentarla.)

     Por todo lo dicho, continúo en lo mío.  Por ahora.  ¿Dónde, si  no?


    

METAFISICA DE LAS SOMBRAS AUTONOMAS

                                                          A  Mario

Mírate, no me mires.

Rasgos en el espejo.  ¿Tuyos?  ¿De quién?  Ajenos.
Máscaras.  Rostros otros que rehusan mirarse;
semblante inexpugnable que no se reconoce.
Planos de movimiento
que una mano no propia describe inanimada.
Muecas. Huellas de estrago que tu rostro  -su  rostro.
¿Suyo?  ¿De quién?  De  nadie;  de ti sin ti-  revela,
siempre distinto y otro,  forastero.

Fatiga de los gestos que un "alguien" desdibuja
en huecas, desahuciadas habitaciones sucias.
Voz que a sí misma emplaza:
desconocidas, secas sonoridades.  ¿Cuántos?
Espejos conjugados. Nunca una sola imagen,
nunca una sola voz:   universos dispares
se unifican y escinden en frondas de reflejos.

Cada actitud reitera y anticipa actitudes.
Apariencias... ¿mentiras?
Fatiga de los gestos...
Redoblados rituales de penumbra, la vida
que nos vive, olvidada.
Soliloquios:  inicio de silencios.
Nos vamos hacia espacios suprimidos
que toda voz excluyen.

Cada actitud se copia;  la mano es siempre otra.
Tras el azul destello
del  iris  ¿cuántos laten en porfiados estratos?
Argucias del azogue:  los embozos avanzan;
mosaico de memorias separadas, perdidas,
se recompone, único;
ajeno ayer-mañana, ronda momentos tuyos.

Planos de movimiento.  Puño mío que escribe...
mirar ajeno y propio  se extravía
en la noche por lluvias corrompida.
Sombra de un cuerpo solo...
¿en qué otro muro blanco deslucido ignorado
duplica su misántropa silueta?

Rasgos en el espejo. Mírate, no me mires:
presencia multiforme murmura por tu boca.
¿Cuál su verdad impone?
¿Quién eres?  ¿Todos?  ¿Nadie?
Ejército de rostros se superpone, uno.

BURBUJAS

En la oquedad serena de la tarde
-lo más profundo y frío de un ocaso violeta
surcado por blancuzcas nubes raudas-
el viento trae y lleva, lleva y trae,
retazos de otras vidas,
burbujas coloreadas
-rutilantes quizás, quizás sombrías-
como danzantes pompas jabonosas.

Huye el día.  Se presienten ausencias.
Tal vez por ello, brizna que surca el aire al irse
cárdeno de la tarde, algo, eco de relegados sueños,
mitad recuerdo nuevo,
mitad añejo mito, pajarea
desplegando delgados alirones fugaces
en el azulnocturno firmamento
dócil, acrecentable, de mi reminiscencia.
Entonces, en el alma -eso que llaman alma-
germina taciturna
una huella indeleble menuda, pudorosa.

Y luego trasoñamos.
En un instante, mundos;  en otro instante, nada.

jueves, 15 de marzo de 2012

LA NOCHE QUE NO LLAMA

Morados, oro el aire que reíres no trae;
cristal en llamaradas de mi ventana ciega
-incendio que resbala-
ensangrienta los ásperos geranios.
Rumores de la calle:  mi balcón, la ventana...
colapso de penumbras.

Alas de mariposa la ligera
melancolía aleve.

Aliento leve y solo, el aire de la hora
en despeinar los álamos se empeña;  pensativos
árboles que se miran en el río;
río que canta quedo, de nubes pincelado.
Mi balcón, brisa suave, los geranios...
lasitudes, hastío.
Atmósfera cambiante, tenue plano tendido a la distancia
disolviéndose en púrpuras, morados, en pétalos luctuosos.

Los entreabiertos dedos ramifica la noche
que gira, gime, canta, deshabitada y breve,
pulimentando velos de niebla desvaída.
Discordes esperanzas:  silencio de la calle;
largo instante de pena fútil, desamparada.
Más allá de las cosas, el alma que vacila
busca lo que no sabe, quiere lo que no puede
y, ya en vano, fustiga los confines del sueño.
Lentamente su noche se despierta:
la noche que no llama,
que no espera, no trae.

miércoles, 14 de marzo de 2012

INSISTENCIA

     Amanece y el hombre despierta de estéril ensueño. En distancias de tácito cielo, una estrella resiste bajo el fuego de duras saetas solares. El hombre le dice: "¿Por qué te fatigas?  Tu lucha es inútil."  Pero sigue la estrella brillando:  no puede otra cosa.

     El hombre camina. En distancias de cielo rojizo, parece perdida la única nube, un letargo de púrpura débil y vientre combado.  El hombre le dice: "Holgazana, muy tarde venida al convite del viento, no vuelas, no mudas tu inválido hueco de vaho que lluvias ni sombra depara.  Tu tiempo ha pasado, olvida tu anhelo."  Pero sigue la nube flotando:  no sabe otra cosa.

     El hombre camina y camina por urbes desiertas, por campos vacíos, por sendas borradas, por rutas perdidas. La fatiga en sus huesos es víbora oscura; las manos gastadas, los ojos velados por largos afanes, por ansias perdidas. Camina, camina, camina, camina...  no puede otra cosa.

lunes, 12 de marzo de 2012

ET EGO IN ARCADIA

     En la segunda mitad del siglo XV, un aristocrático guerrero castellano que, además (¡vaya ocurrencia!), era poeta, escribió: "...como a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor."  En la segunda mitad del XX, el autor de estas líneas hizo de tales palabras la brújula que habría de guiarlo en su particular búsqueda del tiempo perdido, es decir la infancia: Arcadia, Paraiso. SU Paraiso.
     ¿Paraiso? ¡Con qué facilidad nos mentimos! Ante un presente emborronado por circunstanciales -aunque obstinados- nubarrones (que quizás estén solamente en nuestros ojos), volvemos la vista atrás (¡ahhh, las remotas, tersas, dulces, suaves, espléndidas, maravillosas, etc. etc. horas pasadas! ¡Ahhhhhhhh!)  persiguiendo las luces extinguidas. Y esos distantes parpadeos supuestamente rutilantes nos parecen más cálidos, seguros y felices que cualquier otra cosa presente o futura. Lógico: los vemos como deseamos verlos. Todo es cuestión del punto de vista.

     En los intrincados meandros de la recordación, allí donde las flores del olvido ejercen su piadosa misión aliviadora, se despliegan también  generosos racimos de invención, coloreados de realidad ansiada. El pasado verdadero circula por los alambiques de la fantasía, destilando un híbrido de mayor cuerpo y mejor regusto y aroma, con una graduación alcohólica más adecuada para producir esa dulce embriaguez de la nostalgia por algo que jamás existió, que es la más sublime de las nostalgias.
     Gracias a esta capacidad para idealizar retrospectivamente, la rememoración resulta arma eficaz contra la perenne acechanza de las frustraciones, lluvia ácida del alma que conoce indigencias y se duele. Donde había desvanecidas medias tintas, instauramos un lujurioso blanco de plata con reverberaciones irisadas. Como un prestidigitador extrae conejos de su chistera, hacemos brotar del vacío un simulacro de dicha, y el falso consuelo que nos aporta -no somos codiciosos- es mejor que nada.

     El hombre, que para no sentirse desamparado creó dioses a su imagen y semejanza -idealizando también mucho- reinventa constantemente su mundo interior, dominio único, vedado muchas veces a los otros, paraiso e infierno. Porque todo porta en sí su indiviso contrario.

jueves, 8 de marzo de 2012

UNA ESCENOGRAFIA TEXTIL

     Escenografía para "Acreedores", de August Strindberg. Elenco del Club de Teatro de Casa del Uruguay en Barcelona, 1982. Escenario y dirección:  Mario España Corrado.
     La idea rectora para esta puesta no naturalista fue crear un espacio pequeño y cerrado, casi claustrofóbico;  una trampa en la que se desarrolla el drama de los tres personajes en crisis, empujados por sus pasiones y neurosis.
     Era necesario un alto grado de transparencia, que tamizara pero no impidiera la visión a los espectadores. En consecuencia se optó básicamente  por tules y redes de pescador, complementadas con hilaturas de algodón  de distintos grosores, todo en  tonos de gris y negro. El color está dado por la luz. 
     Los elementos interiores se reducen a formas geométricas de color negro. En las fotos anteriores, dos escenas de esta obra, durante el ensayo general.  Actores: Alberto Laurito, Katusha Sánchez y Mario España.


lunes, 5 de marzo de 2012

ACERCA DE LA ESCULTURA TEXTIL

Tercera  parte.


     Una vez aclarado el tema de materiales y procedimientos técnicos, concluyo con algunos ejemplos de mi propia obra.
   Mis primeros intentos de espacialidad datan de 1971, tratándose de formas irregulares de tejido muy grueso, en técnica mixta con predominancia de fibras vegetales. Formas no autoportantes que luego se modulan y sujetan mediante cables. En la foto superior, "Objeto espacial I". Es típico de ese momento de mi obra el uso de cuerdas agregadas, así como los agujeros o tajos efectuados en la trama.
     En la foto siguiente, "Objeto espacial II". Aquí aumenta la irregularidad de la forma, cuyos dos "vértices" están unidos a una barra que pende por su centro, de modo que el objeto se transforma en móvil, variando enteramente su conformación y posición con sólo tocarlo.
     Como tercer ejemplo incluyo "Maternidad", 1975. El tipo de tejido y sus materiales -sisal, yute, lino, algodón- siguen las pautas señaladas en los casos anteriores. La forma en Y se obtuvo sin agregado alguno, mediante una doble urdimbre, separada posteriormente en sus dos  partes.
     Nunca consideré estas obras exactamente como esculturas pues, más que volúmenes, me parecieron planos modulados en el espacio. En esos últimos años de mi permanencia en Uruguay -1975/76- trabajé en algunas de las "técnicas no tejidas" mencionadas en el comentario anterior. Concretamente en "relleno" (rembourrage) y "envolvente" (wraping) pero no se conservan fotos de esas experiencias.
     En el período 1983-1998 y esporádicamente, retomé la trenza de esparto cosida, siempre sobre la base de derivaciones de círculo, elipse y cilindro, pero procurando un mayor desarrollo espacial. En la foto anterior, "Forma I".
      En esa primera etapa, pese a la utilización de aberturas, la forma total tendía a ser cerrada, con escasa presencia de la superficie interior.  


     El paso siguiente fue, pues, abrir la forma fragmentándola, apartándola de una excesiva adecuación al cilindro, y exponiendo el interior a la luz. Foto anterior: Forma III.
   
     Al mismo tiempo, aumentó la preocupación por los esquemas rítmicos totales -la sucesión de figuras elípticas repetidas en el esquema visual total- que llevaron a una mayor utilización de aberturas tipo "tajo" que habían sido característica de las obras tejidas. Foto anterior: "Forma V".    
     El último ejemplo pertenece a "Ritmos", de 1997, donde estas características están más acentuadas. A comienzos del nuevo siglo todas estas pautas condujeron a la realización de un objeto escultórico de mayor tamaño y complejidad, del que no existe registro fotográfico. Y posteriormente, el "progreso" decretó que la trenza de esparto desapareciese del mercado, tal como ya se dijo.
     Espero haber logrado brindar una idea general de estos temas, fácilmente comprensible.


miércoles, 29 de febrero de 2012

ACERCA DE LA ESCULTURA TEXTIL

Segunda  parte.

     Vimos en el comentario anterior cómo, a partir de los años 60 del S. XX, se ampliaban las posibilidades de utilización textil de todo tipo de fibras hasta entonces desdeñadas. Naturalmente, este incremento del interés por los materiales fue unido al desarrollo de nuevas técnicas, que no sólo se apartaron del tejido, sino que revolucionaron por completo el concepto mismo de "textil."
     A los distintos tipos de anudado -macramé, red, etc.- el bordado y las tradicionales labores de ganchillo, aguja o cosido, se unieron procedimientos como el relleno, variantes de la cestería, aplicación -derivada del collage- y otros, hasta desembocar en las denominadas "técnicas personales" que admitían todo lo que la imaginación del artista pudiese concebir. Esta evolución llevó, como no podía ser de otra manera, hasta extremos que levantaron grandes polémicas, como la aceptación, dentro de lo textil- del papel hecho a mano.

     Era perfectamente admisible que la obra fuese un conglomerado de elementos no realizados por el artista -telas industriales, sogas, fibras no hiladas, etc.- siempre que la conjunción de tales elementos en la obra sí fuese su trabajo personal. En la  primera imagen  puede verse un detalle de una instalación de Magdalena Abakanowicz ("Embriología", 1978-79) formada por multitud de elementos realizados con la técnica del relleno, a partir de arpillera, otras telas y fibras.  La segunda corresponde a una de las "Imágenes de la estructura humana", 1974-75, de la misma artista que, con similares materiales, comprimidos contra un molde y fijados con algún tipo de resina, modela un total de 12 figuras humanas, todas distintas, dispuestas sobre soportes metálicos.

     La foto en color corresponde a "Pájaros", de Aurelia Muñoz, 1982. Se trata de una serie de formas de lona cruda sujeta por barras metálicas, que explora las posibilidades de lo textil como superficie flexible. Las barras actúan como ejes de las distintas articulaciones, permitiendo variar -mediante cables o tensores- la posición de  todas las partes de cada una de estas "aves" textiles, modificando así su  expresión.
     Finalmente vemos "Canoas del Espíritu", de Carol Shaw, 1985, como muestra de una de las muchas "técnicas personales". En este caso, un tipo de anudamiento o ligaduras de lino,  uniendo finas varas de sauce coloreadas con tinturas.
     Por supuesto, todo el abanico de procedimientos que, de forma muy incompleta, hemos analizado, no sustituyó nunca al mural o la escultura tejida, como se puede ver en el último ejemplo:  un enorme montaje de tipo escenográfico realizado por Abakanowicz para el Hospital de Huddingen (Suecia) en 1972. La espacialidad es tratada aquí como una imponente conjunción de planos texturados que se despliega en una superficie de 7 por 7 metros.
     He procurado trazar un panorama, breve y reducido, de la evolución textil de las últimas décadas del siglo XX. Queda para una tercera parte el comentar algunas obras realizadas por mí, acordes con esta evolución de técnicas y materiales.

martes, 28 de febrero de 2012

ACERCA DE LA ESCULTURA TEXTIL

Primera parte:  utilización de las fibras vegetales en la obra textil.

     El tapiz moderno fue, a partir de  la segunda mitad del siglo XX, mucho más allá del antiguo arte del tejido. Aunque egipcios coptos e incas llevaran este a un grado de  perfección técnica difícilmente superable, era considerado siempre como mera labor artesanal, sin acceder a la categoría de "arte".
     La situación cambia, empujada en parte por el impetuoso advenimiento de la escuela polaca de tapiz experimental, cuando, tras la creación del Centro Internacional de la Tapicería Antigua y Moderna en Lausana, Suiza, 1961, comienzan las más de dos décadas de andadura de la Bienal Internacional de Tapiz en esa ciudad.
     La mayoría de  tapicistas, en Polonia y lo que entonces era Yugoslavia, deja de lado los materiales tradicionales -lana, algodón, seda- y el tejido fino, liso  y apretado, dando paso a  técnicas mixtas con abundante utilización de relieves, ejecutadas mayoritariamente con fibras vegetales: sisal, cáñamo, yute, rafia... procesadas industrialmente, es decir hiladas en grosores variables.   En la foto anterior, detalle de "Bois-Le-Duc", tapiz monumental de Magdalena  Abakanowicz, 1970/71.
     Sin embargo algunos experimentadores habían ensayado ya, décadas antes, la utilización de fibras vegetales no industrializadas e incluso de desecho, como las hojas verdes que envuelven la mazorca de maíz, que al secarse adquieren diversidad de  tonos amarillentos.  La artista suiza Elsi Giauqui creó con ellas un mural -"Maïs", 1945- del que se muestra un detalle en la foto anterior. Como puede apreciarse, Giauqui se limitó a entrelazar en la urdimbre las hojas ya secas, jugando con un contraste de  variaciones tonales.
     En Uruguay, a finales de los años 50, mi maestro, Ernesto Aroztegui, fue un paso más allá. Primero fraccionaba  en tiras aquellas hojas secas -que en Uruguay reciben el nombre quechua de "chala"- y luego, trenzándolas -trenza común de tres cabos-  fabricaba una "cuerda". Con este elemento lineal construía, mediante cosido, formas geométricas planas que finalmente unía en  murales de clara inspiración incaica.
     Como alumno suyo, asimilé rápidamente este tipo de experimentación; sin embargo, díscolo al fin, sustituí de inmediato la chala por el esparto, que  podía conseguir  en el mercado,  ya trenzado. Y con la misma inmediatez  pasé del  plano al  relieve y luego al espacio. El  proceso de ejecución de un relieve es similar:  se va cosiendo la trenza en formas derivadas del círculo, cilindro y cono, que se unirán como piezas de un puzzle en la estructura final. En la foto anterior, "Ángel", relieve de 1980.
     Aunque esta explicación es exageradamente somera, creo que permitirá comprender adecuadamente las posibilidades -y también los problemas- que plantea la escultura textil de la que hablaremos en una segunda parte.

CANTO PERDIDO

          El tiempo no es un río que canta.
              Idea Vilariño


Cantaba. Recuerdo su música sola,
su música loca de piedra y de trigo,
de espiga y de viento, de piedra y de olvido.
Cantaba, recuerdo.  Y el aire dormido
-recuerdos de piedra, de tierra, de trigo-
el aire se alzaba dorado de estíos.
Cantaba en mi oído, recuerdo. Y ahora
silencio. Silencios y olvidos; el aire
que duerme, la tierra que sueña y el río
desierto, segada su música suave
de brisa y olivo.

Cantaba, recuerdo.  Su canto perdido
es hoy la memoria de un canto, y el frío
de ausentes, remotas palabras;  el miedo
de voces surgidas de nuevo... ¿De dónde?
Las voces que dicen en otros oídos
los mismos vocablos con otro sonido,
los mismos acentos con otro sentido...
Lo mismo, lo mismo girando y cayendo,
la música sola de viento y de trigo
rodando y huyendo, cantando en el río
para otros oídos.

PENSAMIENTO

   Todos los hombres somos como partículas desunidas, esparcidas, de un mismo espíritu, una misma voluntad, en incesante pugna por recomponerse, ser y durar.

lunes, 27 de febrero de 2012

SÓLO CONTORNO VAGO

Le pregunté a la brisa:  dime ¿de dónde vienes?
¿Dónde vas, con qué fines?
Susurró entre las ramas:
sacudimientos verdes, bullicio de las aves...
no entendí la respuesta.

Al tiempo pregunté: ¿quién te gobierna?
¿Adónde va tu carga de milenios gastados?
Velozmente pasaba;  tronaron las campanas.
No entendí la respuesta.

Le pregunté a mi sombra: ¿por qué no entiendo nada?
¿Quién eres tú que, mía, sólo contorno vago,
siempre unida me sigues pero de mí te apartas?
Se señaló a sí misma. Oblicua estaba y negra;
ni el tiempo ni la brisa la rozaban;  serena.

Bullicio entre las ramas; sombra del árbol solo,
oblicuidad oscura fundida con la mía.
Las sombras de las aves que veloces pasaban,
alas de brisa y tiempo. El sol, en llamaradas;
la tierra, todo luces; cada terrón, su sombra
sesgada, negra, en calma, lentamente rotando
No entendí la respuesta.

CIRCUNSTANCIAS EXTERNAS

   Declina el sol, invisible desde mi atalaya. Lo imagino vibrante, pesado de sueño tras el periplo diario, burbuja de rubí que apenas roza el horizonte de los campos resecos. Frente a mí, los cristales de la fachada de la Facultad espejean, se saturan con azufres bullentes y corales, abdicando de su transparencia. Hay un vislumbre de ramajes movedizos, zigzaguear de líneas en desorden, como gotas de tinta sopladas que divergen huyendo.
   De súbito, uno de aquellos grandes ventanales relumbra como fanal. Lo miro y se me llenan los ojos de bengalas chispeantes. El resplandor prestado lanza sus rayos sobre mi propia ventana, que eclosiona encendiéndose, y el polvo brilla en girantes cascadas de oro fino. Apenas un instante; luego todo se acalla adormecido en ecos de penumbra.
   El exacto semicírculo de la luna, espectral y sereno, trepa intensificándose por un firmamento desnudo que el último espasmo del día -tintorero sutil- colora con sonrojos y lamparones violáceos. La brisa es apenas recuerdos de movimiento del aire apático, y los geranios de mi balcón inician gestos mínimos que de inmediato olvidan.

   Se puebla el cielo de carbones, frío. Vagamente se asoman y desmayan la púrpura, el morado. Anochece. Velocidad de coches que se afanan gruñendo; brillo de faros como pupilas alarmadas, rescoldo de impacientes vértigos andadores. ¿Dónde van máquinas tantas? ¿Adónde, apresuradas? No hay aires que murmuren cortejando a los álamos del Tormes, ni celofán de brumas desprendido del agua... Sólo memoria turbia de los puentes, que absurdamente se contemplan reflejados, solos.
   Ya noche, cielo en luto. Aprisionada luna, presintiendo menguantes, araña con su filo pálidas nebulosas. Amarillos, despiertan los guiños del mercurio, salpicando la acera. Encrespadas en risas, voces desconocidas fabrican alegrías.

   Y el alma -eso tan tenue que llamamos el alma- ¿adónde va, sin prisas y sin ganas? ¿Con qué azabaches líquidos se impregna?  ¿De qué sueños se acuerda? ¿En qué vientos se esfuerza, águila fatigada?
   Nada más que memoria sombría, prisionera.

Salamanca, septiembre de 1989

miércoles, 15 de febrero de 2012

SALAMANCA, PLAZA DE LAS CIGÜEÑAS

En esta recoleta
plazuela que cigüeñas tiempo ha desertaron,
viento de fríos nervios
con rojiza seroja multiplica
fugaces estructuras volanderas.

No traicionan mis pasos su travieso siseo
ni el secreto letargo del entorno desierto
que pasados evoca, soledad, añoranzas.

Estructuras fugaces. Paisajes de mi vida:
la ribera de un río; eucaliptos, tranvías;
pinares, unas gentes; un vasto lago donde
espejaba la luna.

Hacia atrás, hacia atrás, hacia atrás siempre...
seductora nostalgia de las horas huídas.
Seductora y estéril, mentirosa.
¿Qué procura, qué busca
esa torpe mirada en retroceso?
Envejezco -me digo. Envejezco;
también los viejos anhelamos cosas.
Vale;  mas no mentiras.

Paisajes de mi vida. ¿Perdidos? No. Conmigo
los llevo. Hoy, ahora,
son mi hacienda; el pasado tiñendo mi presente
que fluye y se disipa.
Hoy, ahora:  mañana de diciembre
con vivos remolinos de hojarasca.
Plaza de las Cigüeñas. Una vieja arrastrando
su carro de la compra.
Frío viento del norte. Paz. Silencio.
Reinicio mi camino. Me acompaño:
nada más necesito.

Comunicado

A partir de las "mejoras" introducidas por Google en sus distintas interfaces, este programa no respeta las características que el autor determina al crear la entrada: elimina las sangrías, modifica los interlineados... y el resultado es una presentación poco adecuada.

Se intentará en lo sucesivo solventar estos problemas.

martes, 14 de febrero de 2012

DEL ESCRITOR Y LA ESCRITURA - Borges y el Tiempo (Segunda parte)

Tras el anterior análisis de las tesis borgeanas relativas al tiempo, entresacadas de sus ensayos del período 1928-52, veremos ahora, aunque de modo fragmentario, de qué manera las mismas toman forma poética en su obra posterior. Para mayor claridad expositiva, dividiremos el comentario en subtemas aunque, como se verá por los versos que citaremos, esa obra es tan homogénea y plural que todas estas ideas se entrelazan, omnipresentes e inseparables.



I - Tiempo y Laberinto


De: El hacedor (1960): Elvira de Alvear

el goce de perderse en el errante

río del tiempo (río y laberinto)


Esta relación tiempo-laberinto aparecía ya en Nueva refutación...: el absoluto tiempo uniforme, como "un laberinto infatigable, un caos, un sueño."


Igualmente en A una moneda (El otro, el mismo):

...envidia

de ti que estás, como nosotros, en el tiempo y su laberinto

y que no lo sabes.


De: Elogio de la sombra (1969): A cierta sombr

Que por sus laberintos de tiempo

erren sin fin los que odian.



II - Heráclito y el río



Oda compuesta en 1960 (ibid)

...que yo, la gota, hable contigo, el río,

que yo, el instante, hable contigo, el tiempo.


Aquí va directamente al "somos el minucioso presente" señalado en la primera parte, estableciendo una nueva relación, gota-río, que parece derivada del budismo -el argentino cita en varias ocasiones estas creencias- y su identificación del Ser como ola del océano sin orillas. En el mismo poema dirá: "este sueño, mi destino". Y por si la reminiscencia calderoniana no fuese de por sí evidente, veamos otro poema del mismo libro: Arte poética.


Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar...

finalizando:

También es como el río interminable

que pasa y queda y es cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.


En El otro, el mismo, 1964, hay otros ejemplos en la misma línea (A quien está leyéndome, A un poeta menor de la antología...) a los que dirijo al lector, pues sería abusivo citar.



Terminaremos este apartado con la mención a Elogio de la sombra (1969): Heráclito (fragmento):

¿Qué trama es ésta

del será, del es y del fue?

¿Qué río es éste

por el cual corre el Ganges?

para finalizar:

El río me arrebata y soy ese río.

De una materia deleznable fui hecho, de misterioso tiempo.

Acaso el manantial está en mí.

Acaso de mi sombra

Surgen, fatales e ilusorios, los días.


Y, en el mismo libro: James Joyce:

En un día del hombre están los días

del tiempo

donde sugiere las nociones, antes vistas, de simultaneidad y presente sólo.




III - Somos tiempo y sueño


El verso "de una materia deleznable fui hecho" que hemos citado, y los pareados finales de El ápice transcriptos en mi comentario "Borges, los laberintos y yo", nos introducen de lleno en este concepto capital, al que también hace referencia en el prólogo a El otro, el mismo agregado a la edición de las Obras Completas, donde, hablando de sus hábitos, dice: "...la contradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura, mi estupor de que el tiempo, nuestra substancia, pueda ser compartido."


Del mismo libro, estos fragmentos de El Tango:

...hecho de polvo y tiempo, el hombre dura

Menos que la liviana melodía,

Que sólo es tiempo.


De: El Hacedor (1960), Ajedrez II:

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.

¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza

de polvo y tiempo y sueño y agonías?


De: Elogio de la sombra (1969): Rubaiyat:

Torne en mi voz la métrica del persa

a recordar que el tiempo es la diversa

trama de sueños ávidos que somos

y que el secreto Soñador dispersa.


Torne a afirmar que el fuego es la ceniza,

la carne el polvo, el río la huidiza

imagen de tu vida y de mi vida

que lentamente se nos va de prisa.






Para finalizar:

Hoy es ayer. Eres los otros

cuyo rostro es el polvo. Eres los muertos.




IV - Solamente presente




De: El otro, el mismo (1964): El instante:

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño

de espadas que los tártaros soñaron,

dónde los fuertes muros que allanaron,

dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria

erige el tiempo. Sucesión y engaño

es la rutina del reloj. El año

no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo

de agonías, de luces, de cuidados;

el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.

El hoy fugaz es tenue y es eterno;

otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.


De: El oro de los tigres (1972): El pasado:

No hay otro tiempo que el ahora, este ápice

del ya será y del fue, de aquel instante

en que la gota cae en la clepsidra.

ilusorio ayer es un recinto

de figuras inmóviles El de cera

o de reminiscencias literarias

que el tiempo irá perdiendo en sus espejos.


Curiosamente, habiendo establecido la eternidad del ahora, Borges se permite un retroceso en A una espada en York Minster, perteneciente a El otro, el mismo:

... Soy un instante

y el instante ceniza, no diamante

y sólo lo pasado es verdadero.


Aunque en el mismo libro, pocas páginas más adelante, rechazará tal "ceniza" en 1964, II:

...un instante cualquiera es más profundo

y diverso que el mar.

Volverá al pasado y la simultaneidad en Llueve, de El oro de los tigres:

¿En qué ayer, en que patios de Cartago

cae también esta lluvia?

para, en El amenazado, ensayar, a sus setenta y tres años, una aproximación diferente a ese obsesivo tiempo:

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.

Y luego:

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.


Este conjunto de referencias podría ser ampliado; pero proseguirlo sólo agregaría detalles abundando sobre lo mismo.

He procurado en lo posible que las citas, casi nunca completas, se limitasen a guiar al hipotético lector hacia las ideas reseñadas en la primera parte, con un mínimo de comentarios personales. Si estas páginas impulsan a dicho lector hacia los textos originales, o a buscar por sí mismo nuevas referencias o a bucear en la obra tras otros de los varios símbolos borgeanos recurrentes (bibliotecas, espejos, espadas...) habrán cumplido eficazmente su cometido.




DEL ESCRITOR Y LA ESCRITURA - Borges y el Tiempo (Primera parte)

Como en el caso anterior referido a los laberintos, este comentario no pretende ser un estudio crítico riguroso, completo, sino apenas una serie de anotaciones de acercamiento al tema visto desde mi punto de vista y sin entrar en consideraciones formales ni ahondar en otras de tipo filosófico o psicológico.

Analizaré primero lo que llamaré "tesis" o "ideas" borgeanas, expresadas en sus ensayos, para ver luego su reflejo en la poesía.




La preocupación de Borges por el tiempo -yo diría: el Tiempo- recorre la totalidad de su obra. En unas notas agregadas en 1969 a Fervor de Buenos Aires, libro de 1923, el autor dice en relación al poema El Truco: "[en esa obra] asoma por primera vez una idea que me ha inquietado siempre. Su declaración más cabal está en Sentirse en muerte (El idioma de los argentinos, 1928) y en Nueva refutación del tiempo (Otras inquisiciones, 1952)."


Omite decir que esa declaración está igualmente recogida en Historia de la Eternidad, de 1936. En el ensayo que da nombre a dicho libro, comienza diciendo: "el Tiempo es un problema para nosotros, un tembloroso y exigente problema, acaso el más vital de la metafísica", para afirmar luego: "Ninguna de las varias eternidades que planearon los hombres ./. es una agregación mecánica del pasado, del presente y del porvenir. Es una cosa más sencilla y más mágica: es la simultaneidad de esos tiempos."


Tras repasar esos varios conceptos de eternidad -en los que no podemos detenernos- Borges cierra el ensayo con su "teoría personal" es decir la transcripción literal del antes mencionado Sentirse en Muerte. Su colocación como colofón de esta Historia, y el hecho de haberlo publicado tres veces (1928, 1936 y 1952) da idea de la importancia que el autor concede a este breve texto, pese a calificarlo de "fruslería evanescente."


Se trata, nos dice, de una escena y su palabra: "...palabra ya antedicha por mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi yo." Y narra cómo, durante un paseo nocturno, se detuvo en una esquina de suburbio, un arrabal tan típico que parece intemporal, permanente, y cómo su contemplación le provocó la sensación de hallarse allí en algún momento del siglo XIX. Concluyendo que esa escena -paredes, noche, calle de tierra- "no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir esa identidad, es una delusión."


Volverá sobre la misma idea dieciséis años después, en Nueva refutación del tiempo, definiéndola como "el débil artificio de un argentino extraviado en la metafísica." En este ensayo propondrá: "...podemos postular, en la mente de un individuo (o de dos ./. en quienes se opera el mismo proceso) dos momentos iguales." Y se pregunta: "Esos idénticos momentos ¿no son el mismo? ¿No basta un solo término repetido para desbaratar y confundir la serie del tiempo?" Esta reflexión se halla en sintonía con la simultaneidad antes planteada.


Pero regresemos a aquellas notas de 1969 que hacían referencia a Sentirse en muerte, pues allí se autocorregía, agregando: "Su error, ya denunciado por Parménides y Zenón de Elea, es postular que el tiempo está hecho de instantes individuales, que es dable separar unos de otros." Así pues, simultaneidad unida a inseparabilidad.


La tesis expuesta en Nueva refutación... parte del idealismo de Berkeley y Hume (aunque reconociendo que ambos "abundan en párrafos que contradicen o excluyen mi tesis") para, tras considerar las ideas de ambos autores, decir: "La metafísica idealista declara que añadir [a nuestras percepciones] una sustancia material (el objeto) y una sustancia espiritual (el sujeto) es aventurado e inútil; yo afirmo que no menos ilógico es pensar que son términos de una serie." Niega la sucesión, esa "intolerable miseria" para, luego de transcribir por tercera vez Sentirse en muerte, extraer sus conclusiones: cada instante es autónomo y existente como tal, pero no su imaginario conjunto; el futuro no nos ocurre a nosotros, que "somos el minucioso presente" fuera del cual no existe el tiempo.


En El tiempo circular, breve ensayo -perteneciente también a Historia de la Eternidad- donde analiza la teoría del Eterno Retorno, estaba ya presente esta idea, aunque sólo a través de una cita de Marco Aurelio: "El presente es de todos; morir es perder el presente, que es un lapso brevísimo. Nadie pierde el pasado ni el porvenir, pues a nadie pueden quitarle lo que no tiene."


Volviendo a Nueva refutación... diremos que, como siempre en Borges, abundan las citas a múltiples autores. De Heráclito y su "No bajarás dos veces al mismo río"; Schopenhauer: pasado y porvenir "no existen más que para el concepto y por el encadenamiento de la conciencia"; Plutarco: "el hombre de ayer ha muerto en el de hoy, el de hoy muere en el de mañana." Y finaliza: "El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy ese río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges."


Aunque signifique desviarme del tema principal, no quiero cerrar esta primera parte sin mencionar otro asunto que el argentino trata en El tiempo circular: "la conjetura de que todas las experiencias del hombre son (de algún modo) análogas." Y cita nuevamente a Marco Aurelio, quien afirma tal analogía de los destinos individuales. Tiempo después, cuando escriba la Nueva refutación... tantas veces mencionada, rozará una vez más esta idea: "Las ruidosas catástrofes generales -incendios, guerras, epidemias- son un solo dolor, ilusoriamente multiplicado en muchos espejos." Para, al cabo, en la dedicatoria de la edición de sus obras completas, resumirla: "las cosas que le ocurren a un hombre les ocurren a todos."


Examinaremos a continuación cómo este conjunto de reflexiones, que podría haberse quedado tan sólo en eso: el hilo de pensamiento de un hombre culto que incursionaba en la filosofía -aquel "débil artificio" que él mismo sugirió- se hace poesía metafísica de gran nivel, en el corpus de una obra grandiosa.

martes, 27 de diciembre de 2011

DEL ESCRITOR Y LA ESCRITURA: Borges, los laberintos y yo (Segunda parte)

Tras el rápido recorrido por los laberintos borgeanos, y de acuerdo a lo anunciado, incluyo a continuación el texto de Leyendo a Borges, poema mío de 1997 surgido como respuesta emocional/intelectual a una de las muchas relecturas de la obra del argentino.  Las citas de este, en los versos 23 y 41 corresponden a poemas incluidos en la primera parte de este análisis.

Cuando el rojo tejido de la tarde
-apenas hilos ya-
con lamentos del viento se quebranta, engendrando
en tirantes urdimbres de tristeza
los silenciosos lienzos de la noche, yo suelo
dialogar con mis muertos.
Me dicen en ritmadas estrofas, temblorosas
teclas blancas y negras
o una voz que suspira D'amor sull'ali rosee,
me dicen que la vida
fue cual el grana del poniente, vuelto
alfombra oscura donde lunas brillan
con antigua fatiga.

Y ahora, en esta noche de noviembre
afianzada con redes de llovizna, con ronco
decir del aire solo, negro, frío,
me llega la voz ciega.
Guiño cómplice, aviso... quizás una respuesta.
Alta, potente, lenta,
-así debió sonar en Delfos la soberbia,
la misteriosa lengua del voluble
dios que el Destino abría-:
"No habrá nunca una puerta."

Ya no sabré por qué, de qué manera
se fundaron los muros que me cercan.
Gemir ronco del aire por túneles vacíos;
gota de agua rodando interminablemente,
borroneando el paisaje árido de la piedra
que presidios sugiere y arenales y tiempo.
Tiempo... ese remolino que nos hace y deshace
en una incertidumbre de múltiples edades y de nombres.
Vínculo de las voces pasadas y futuras,
resuena entre murallas ya desgastadas, como
traqueteo de ruedas sobre adoquines húmedos.
Siempre las voces, siempre
el hombre solo que se escinde en todos
-imágenes en una galería de espejos-,
que cae, se levanta, se disuelve, germina,
diverso cada vez y siempre uno.
Pero nunca una puerta.

"Sé que en la sombra hay otro."  "Nos buscamos..."
No sabré para qué ni desde cuándo
el pie cansado holla con monótono afán la estrecha senda.
Huellas de mis pisadas y crujidos de arena indiferente:
forma y sonido de una vida aislada.
¿Mía? ¿Del Otro? Ah, no es uno solo:
también él se desdobla, buscador y buscado.

Solo el múltiple Otro que persigue mi sombra entre las sombras;
solo yo en el espanto de los muros;
solos la noche, el aire, la llovizna.
Ayer, mañana, hoy... trama de roca;
cansado pie y arenas y tiniebla.

No es tarde, sin embargo. Nunca es tarde
para la voz que tímida se nombra,
para el ojo que busca en el espejo el ojo que lo mira.
No hay puertas, sólo senda;
el Otro y yo -los Otros-, la noche... soledades,
desiertos de llovizna donde ventiscas gimen.
Y sin embargo alcanza, como le basta un hoyo a la simiente.

Pie fatigado: sigue, tu dominio es lo oscuro.
Sin buscar o buscando, has de llegar al término que ansías,
encuentro ineludible de sombras en la sombra.
El Otro y tú, de pronto cara a cara...
dulce y atroz momento, cuando veas
al hombre que aguardaba desde el comienzo de las vidas todas,
-temblores de tu espejo más recóndito-
para mostrarte el único y terrible
semblante verdadero.


Negrilla, octubre/noviembre 1997

No parece necesario explicitar las similitudes de ideas, de concepción del mundo, entre este poema y los anteriormente comentados. Incluso una lectura superficial las revelaría. Lo mismo puede decirse respecto del tema del Tiempo, sobre el que volveré más adelante.
Y queda pendiente un ejemplo de profundización del tema Laberinto en mi obra personal:  la Segunda de las Siete Elegías, que dada su extensión dejaré para una próxima oportunidad.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

DEL ESCRITOR Y LA ESCRITURA: Borges, los laberintos y yo. (Primera parte)

Foto: Laberinto IV - 1985 - Estampación con tinta china.

Este artículo no pretende ser un análisis en profundidad, sino apenas señalar algunos aspectos de la obra borgeana, referentes al tema del Laberinto, con los que me siento particularmente identificado y que han ejercido influencia sobre mi obra, tanto literaria como plástica. 

No te habrá de salvar lo que dejaron
Escrito aquellos que tu miedo implora;
No eres los otros y te ves ahora
Centro del laberinto que tramaron
Tus pasos. No te salva la agonía
De Jesús o de Sócrates, ni el fuerte
Siddharta de oro que aceptó la muerte
En un jardín, al declinar el día.
Polvo también es la palabra escrita
Por tu mano o el verbo pronunciado
Por tu boca. No hay lástima en el Hado
Y la noche de Dios es infinita.
Tu materia es el tiempo, el incesante
Tiempo. Eres cada solitario instante.

Incluyo la totalidad de este poema titulado El ápice, porque presenta otro de los temas básicos del escritor argentino: el Tiempo -así con mayúscula- sobre el que algún día pretendo monologar también, insinuando tangencialmente un tercero, obsesivo para mí: el Otro, ese ser que está del otro lado del Yo, ese ser que "no eres." De esta manera se comprenderá mejor Leyendo a Borges, poema de mi autoría que cerrará este comentario.
El laberinto de este soneto tiene una característica inquietante: lo tramaron los pasos de ese "tú" al que el autor se dirige, es decir el lector, todos nosotros. No es una prisión a la hemos sido arrojados, como el Minotauro de la leyenda, referente inevitable de todo laberinto. No: está construido, fabricado, "tramado" desde dentro. Forma parte del propio camino. Camino que, Machado dixit, se hace al andar.  Prisión interior, pues. Y vía cerrada. El centro en que nos encontramos  aterrados, buscando una "salvación" en "escrituras", se presupone como permanente, eterno. Y la palabra propia, el discurso, la obra, es tan inútil como la externa que invocamos.  El poema se cierra con esos versos pareados a los que volveré más adelante, cuando comente el tema del Tiempo.

Mucho antes de El ápice, Borges había planteado similar caso en Poema conjetural (perteneciente a El Otro, el mismo, libro de 1964: "A esta ruinosa tarde me llevaba / el laberinto múltiple de pasos / que mis días tejieron desde un día / de la niñez."  (Utiliza incluso el mismo tipo de imagen: tejieron/tramaron.) Y luego: "El círculo / se va a cerrar. Yo aguardo que así sea." El círculo se cierra cuando inicio y final se tocan, y esa "salida" no es otra que la muerte.
La narrativa de Borges contiene múltiples referencias al laberinto. En el relato El jardín de los senderos que se bifurcan (que forma parte de  Ficciones, 1944) dice: "Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir" y más adelante: "un laberinto de símbolos" o "un invisible laberinto de tiempo", uniendo ya, con décadas de antelación a El ápice, las dos ideas contenidas en este. Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto (de El Aleph, 1949) plantea  una variante del dédalo construido:  el supuesto Abenjacán, que huye por temor a la venganza del hombre que asesinó, hace edificar el laberinto. Y "apenas concluyeron los albañiles, se instaló en el centro:" De tal habitación central se nos dice que "tenía mucho de celda carcelaria". Estamos ante ideas similares aunque con distinto desarrollo.
A este relato sigue, en el mismo libro, otro muy breve titulado Los dos reyes y los dos laberintos, en el que "un rey de las islas de Babilonia" ordena la construcción de un laberinto en el que "los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían". A causa de "lo escandaloso" de su obra, pierde el favor de "Aquel que no muere" y es castigado con la derrota y la muerte. La mención a estas dos narraciones se comprenderá por sus reminiscencias en los ejemplos finales, Laberinto y El laberinto, poemas igualmente consecutivos pertenecientes a Elogio de la sombra, de 1969.

Laberinto
No habrá nunca una puerta. Estás adentro
y el alcázar abarca el universo
y no tiene ni anverso ni reverso
ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
que tercamente se bifurca en otro,
que tercamente se bifurca en otro,
tendrá fin. Es de hierro tu destino
como tu juez. No aguardes la embestida
del toro que es un hombre y cuya extraña
forma plural da horror a la maraña
de interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
en el negro crepúsculo la fiera.

Aquí, la maraña tramada/entretejida tiene otras características: carece de centro -que es lo mismo que decir que cada punto es el centro- y límites: es informe, y casi podría decirse que ubicua. Las "bifurcaciones" enlazan con el relato antes mencionado; la repetición del verso subraya tanto  la "terquedad" del camino como esa atmósfera de ilimitada continuidad, y el destino de hierro es aquel Hado carente de lástima. Pero lo más extraño es el ser que habita ese terrible lugar: el Minotauro, "toro que es un hombre", de "forma plural"-multiforme-, no existe. ¿Quién, qué es, entonces, tal habitante, el tú destinatario? Veamos el segundo poema.

El laberinto
Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolado.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
éste el último día de la espera.

Y hemos pasado de la segunda persona a la primera; el autor prescinde del tú/lector y pasa al Yo confesional. En el Hades que describe tampoco hay salvación: ni Jesús, Sócrates o Buda, ni los dioses. El camino curvado reitera los círculos de Poema conjetural pero ahora eternizados. La atmósfera claustrofóbica es ya total, agobiante.
"He olvidado /  los hombres que antes fui." Aquí estamos con el tema del Yo múltiple: el tiempo, elemento de cambio, produce la constante modificación de lo que somos, y las diferencias a veces abismales -sobre una base de unidad- entre el fui, el soy y el seré. En All Our Yerterdays dirá: "Quiero saber de quién es mi pasado. / ¿De cuál de los que fui?" o "Soy los que ya no son. Inútilmente / soy en la tarde esa perdida gente." Y en Poema de los dones,  tras introducir el tema del otro: "¿Cual de los dos escribe este poema / de un yo plural y de una sola sombra?" El Otro presentido y temido -la "fiera"- está  ya con nosotros, encerrado entre las mismas paredes "tramadas por tus/sus/nuestros pasos."
Volviendo a la pregunta antes planteada: ¿quién es aquel tú/destinatario, habitante del  odiado lugar sin límites? Pues es un Otro que ansía mi sangre, es decir mi vida, a mí. Un Otro que, como vimos en el soneto anterior, "no existe". Una forma plural, un eco. Ese tú es, en realidad, yo. El Yo múltiple, multiforme. En el laberinto borgeano estamos todos, pues tú, el Otro, yo, somos Uno. Dicho de otra manera: el laberinto enfrenta al hombre con su espejo.

Dada la extensión de este comentario, Leyendo a Borges y los comentarios posteriores quedan para una segunda parte.

sábado, 19 de noviembre de 2011

LEYENDO A JOHN DONNE - III - INTERROGANTES

That love is weak, where fear's as strong as he.


Pues el amor es débil cuando el temor es tan fuerte como él.


John Donne: "El sueño".





I - Misterio


Misterio inextricable del otro, neblinosa
isla desconocida
en mar de divorciados archipiélagos.
Apenas es posible besar la suave orilla,
no el arenal fecundo ni la inhóspita tierra.

Cuánto hubiera deseado
llevarte enteramente adherida a mi piel,
engastada en la sangre,
hiedra voraz y agónica, trepando alucinada.
¿Dónde estuvo el error? ¿Qué obstáculo, qué estorbo
se interpuso entre ambos?
¿El temor a fallar provoca el fallo?


Acaso la barrera que encontraste -encontramos-
fuimos nosotros mismos, isolados;
el ser tal como éramos;
cerrados mundos nuestros, desiguales.

No risas sino lágrimas al término.
Yo, que tanto te quise, fui tal vez sin quererlo
mi rival y tu Frankenstein.



II - Tal vez



¿Qué quise decir cuando dije: Amor tú, te amo?
¿Qué eras para mí en aquel tenso
verano de mis ansias?
Siempre he sido sincero. Sin embargo,
es la palabra una burbuja vana,
golpe de aire en el aire, que asciende y se deshace
y a veces queda en nada.

Cuánto he necesitado que me amaras.
Conocí en mí, de siempre, el vacío de amor;
la carencia al tiempo que el anhelo.
Y, para ser amado, deseé, quizás, amarte:
para ser tuyo en ti siendo tú mía,
y de ambos, uno: único, sagrado, indivisible.
Tal vez... tal vez, equivocadamente,
el afán dio por hecho lo deseado. Tal vez...
tal vez amé el amor, no la persona.

Siempre he sido sincero. Te dije: Amor, amor.
Ascendió la burbuja, brillante, atolondrada...
pero entonces dijiste: Perdona,... no te quiero.

Noviembre 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

LEYENDO A JOHN DONNE - II (NOCHE)

But oh, love's day is short, if love decay.
Love is a growing or full constant light;
And his first minute, after noon, is night.

Pero, ah, el día del amor es breve si el amor decae.

Amor es luz creciente o enteramente constante,
y su primer minuto, después del mediodía, es noche.

J. Donne: "Discurso sobre la sombra."



En ya lejanos días, todo herida,
todo queja era yo. Me sonreíste,
y en tal instante amaneció mi vida
y aire, fuego y sangre, mundo fuiste.
Un viento luminoso -tu pupila-,
vela hinchada -tu piel bajo la mía-,
guiaron mi bajel a la tranquila
ventura de tu cálida bahía.
Ya traspuesta la cumbre -raudo sueño-,
sublevada de nuevo mi tormenta
y deshecho en errores todo empeño,
se ciega el alma y sombras alimenta.
En mí unido el descuido y su condena,
tan solo queda ya nocturna pena.



Noviembre 2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011

LEYENDO A JOHN DONNE

She is dead; and all wich die
To their first elements resolve;
And we were mutual elements to us
And made of one another.

Ella ha muerto, y todo lo que muere
a sus primeros elementos vuelve;
nosotros fuimos elementos mutuos,
y cada uno hecho del otro.

J. Donne: "La disolución."


I

Vacío, hielo, muerte, tu abandono.
Hechos uno del otro de tal suerte,
en ti mi parte era la mitad de la vida,
corazón, hueso, entraña, sangre entera
de mí hacia ti fluyendo, propia, extraña.
Y en mi centro latía, ítem básico siendo,
núcleo tuyo que pleno rehacía
mi ser múltiple y uno, mío, ajeno.

Al irte te llevaste ambas mitades,
y ausencia, invierno, hueco fabricaste.

De ti y de mí privado, fracción, menos que uno
subsisto disparejo, sin remedio lisiado
ego, languidecido, ni imagen ni reflejo.



II


¿De qué míos y tuyos elementos
-frágiles o infecundos, sin duda derrotados-
se hizo aquel amor desvanecido?
A mí nada volvió, salvo la pena.



III


Hechos uno del otro pero no para el otro.
Mi elemento tú fuiste. Yo no el tuyo.


Noviembre 2011