martes, 16 de agosto de 2016

Hiroshima, 6 de agosto 1945


Una mañana de mayo de 1945 mi madre me cogió de la mano llevándome hasta un ventanal, desde el que veíamos un retazo de cielo soleado, partido por los entrecruzados dedos de una parra.  Allí, muy emocionada, me explicó que Alemania se había rendido y la guerra estaba concluida. Esa fue la primera vez que oí hablar de Guerras y me produjo una gran impresión, razón por la cual tengo siempre presente aquella escena. Sin embargo, el término solo había llegado para Europa. Faltaba otra parte.
El 6 de agosto amaneció caluroso en  Honshu, la isla principal de Japón. A primeras horas de la mañana, un avión B-29  llamado Enola Gay se aproximó a la costa oeste japonesa. Cargaba una bomba de 4 toneladas de peso que, por su forma fina y alargada era llamada “Little boy”.  Llegado a su objetivo, la ciudad de Hiroshima -350.000 habitantes- situada en  el delta del río Ota, lanzó su carga. Cuando estaba a unos 600 metros por encima del centro de la ciudad, la bomba estalló. Eran las 8,15.
La explosión del núcleo de uranio 235 liberó un poder destructor equivalente a 15 kilotones de dinamita. La mitad de esa energía formó la onda de choque, que se unió al efecto de los rayos caloríficos y la radiación. La bola de fuego alcanzó un diámetro de casi 300 metros y tuvo una temperatura de 300.000º centígrados en su interior. El  característico hongo se alzó 16 kilómetros.  En un radio de dos kilómetros alrededor del epicentro la destrucción fue absoluta, y decenas de miles de personas fueron prácticamente volatilizados. La mortal  “lluvia negra” radiactiva comenzó a caer media hora después.

La radiación nuclear inicial duró hasta finales de año, momento en que las víctimas mortales ascendían a 140.000. Los efectos posteriores se prolongaron durante una década.
 
 
 
La diferencia horaria entre Japón y Uruguay es de 12 horas. Mientras caía y caía Little Boy, en Montevideo eran las 20,15 hs. del día 5, plena noche y seguramente muy fría. Yo estaría cenando o terminando mis tareas escolares, ignorante del horror nuclear. Nadie en mi casa comentó lo sucedido en Hiroshima. Nadie, nunca. Hoy, ahora que soy viejo, aquel silencio me duele por injusto.





martes, 7 de junio de 2016

TIEMPO  CUARTO

LUZ  DE  INVIERNO



Aires de una meseta, doraduras de piedra.



La hermosura del mundo;
reflejos en un cristal, penumbras agrupadas.
Rojiazul y amarillo el tiempo y sus agravios
que tiñeron de blanco mi cabeza.

 

Secretos, predicciones, testimonios,
preguntas…
ah, que lejano ahora.





Ventanas.
Afuera pasan nubes en pálidos racimos, brisas, milanos negros,

los años,
los años, que en el viento veloz se deshilachan. Medialuz silenciosa
de invierno, día a día infiltrándose lenta,
goteando
en ese
territorio impregnable que llamamos el alma.
Día a día, bajo lívidos cielos
-atmósferas opacas con grumos de cellisca-
el pueblo
-mancha apenas; rojizo, diminuto
borrón en el verdor de la campiña-
calla, paciendo olvidos.



Espectrales los campos en febrero.
Eso que llamo cielo,
opaco terciopelo –pálido gris, tan solo memoria de un azul
acuoso,
bóveda en veladuras, en cenizas, un cielo que no es cielo ni es nada-
lentamente se anima, se dilata hecho espacio
donde el sol se desangra.
En el hambriento tajo del vacío horizonte, precarios claroscuros
desmayan
esfumándose en brumas.
Al borde del camino, los pastos modelados
en hielo;
al rozarlos estallan en cristales minúsculos,
empapando mis manos.
Todo parece muerto, negligido,
gabela de fatigas.




Ah pero el verde tierno, pero el trigo que nace…
la hierba que   incorpora bajo nieves
los delicados tallos… pero la savia nueva, semilla desvelada…
pero las amapolas de mayo, su encarnado
recuerdo… pero… pero…
Señales:
algo crece y aguarda, pese a todo.


Caminos que ajetreo; vago surcando escarchas;
la huella de mis pasos en el fango:
indicios.
La charca es un azogue glacial donde cigüeñas atestiguan
sus vuelos.
(Ya no emigran a sures más templados;
permanecen, resisten ancladas en sus nidos
como el alma resiste, savia lenta.)
La charca es un azogue donde mi alma se mira:
edades y vaciadas nostalgias y apetitos y fastidio en las venas.




Granos, grumos el tiempo de la cigüeña, el trigo, la semilla, la savia.
Terrones:
la suave despaciosa tierra negra, helada, rezumante;
los aprieto; mis dedos
desmenuzan su mórbida textura.
Palpo el surco, la piedra, los solitarios troncos desnudados:
su cálida aspereza me recuerda
la lengua de mi perra. Manipulo, acaricio, señalo: dejo marcas,
testigos, testimonios de mi estar en el mundo.




 
Ventanas.
Blanca, la luz de ahora, perlada por la bruma;
ya no se dora el aire con destellos de polvo encabritado.
Silencio de aguas hondas;
mansedumbre de brisas que juegan, en los juncos de la orilla,
con olvidos menudos y fútiles porfías.
Soledumbre.
Vibraciones sutiles: todo es, todo pulsa su latido de siglos,
decreciendo hacia cero.


Ya soy viejo, me digo. Pasó el tiempo de esperas
y preguntas.
Pero sé que me engaño. Porque sé que morir será preciso
si dejo de aguardar lo que no llega.
Todavía curioso, aunque ya sin premura, sin bullicio ni ruido.
Los deseos subsisten pero callan, prudentes.
Conmigo
llevo siempre lo mío. Y ya todo
se completa, gravamen de los años.
¿Qué arcano
aún desconocido aspiraría a cumplirse en esta luz de invierno

que con dedos artrósicos sondeo?
Tal vez solo el postrero.


Rojo, azul, amarillo... la cosa y su reflejo, en mi pupila existen
ya unidos.




Afuera pasan nubes.
Todo parece muerto, marchita tierra yerma.
¡Pero las amapolas…!
Palpitando en la hondura del surco, las semillas acechan con paciencia
su hora.


Eclosiona el ocaso en fuegos de artificio:
detonan bermellones y carmines, púrpura enajenado;
se desbocan añiles… Ah la hermosura actúa todavía:
se desanuda el alma y renace vibrando.
“¡Ah, detente minuto, eres tan bello!”

Detente,
sí, detente alegría, detente plenitud, belleza, vida…
mas no se puede demorar el agua; corre buscando cauces
sobre piedras oscuras.






Memorias.
Recuerdos de una noche de San Juan con rumores y luces a lo lejos,
nada más que imprecisa silueta la montaña;
canciones y fogatas en la playa; sobre el lago rielaba
la luna.
Abierta noche perfumada, inmensa…
Aunque no hubiese otro, ese momento
valdría eternidades de consuelo.
Reflejos
que mis pupilas guardan, azules como un sueño.




Silencio, soledades. Pronto vendrá la noche.
¿Qué importa?
¡La luz está conmigo todavía!
Solo se alza mi canto… ¡pero canta!
Nada más necesito.







Por mí pasan edades. Todo y uno. A mí mismo
la mano
tiendo.











Negrilla de Palencia, octubre 2010 – abril 2011 


Negrilla de Palencia, Agosto 2013


 

 


 


 

TIEMPO  TERCERO

CIUDADES



Vientos traen y llevan.
Inventarios de viento.



Arenal, madreselvas,
altos cielos… ¿Qué resta
del esplendor primero?
Cualquier disfrute es préstamo tan solo,
espuma entre los dedos.
(Distancias y penumbras en interior azogue,
soliloquio de espectros:
ausencias;
amarillo, ausencia es amarillo).
Pero también recuerdos:
manos que se tendieron,
resplandores de ocaso en la ventana,
sombreadas calles donde nos besamos riendo…
El juego de la vida, menos juego;
las esperas, inciertas… pero míos
los perdurables sueños en bandadas.



Después, una partida.
Vela en manos del viento jaranero;
saeta que se arroja, en la serena tarde demorada,
al estío que apura su hálito postrero.


Y fuimos extranjeros.






Lausana junto al lago: tornasoles
en apacibles aguas. Los montes azulados,
temblores
inversos en su espejo
mudable,
sin substancia: vaciados, espectrales,
apenas
imagen inconstante
tintando la soleada sobrefaz.
Detrás, inmaculadas siluetas de las cumbres
-desafío de vientos-
pendiendo de los cielos. Realidades,
reflejos.


Floresta desgajada de una hora serena;
senderos por mí hollados. Pájaros me rodeaban.
Sus trinos;
rumores del cercano aserradero;
murmullos
del hilo de agua oculto en la frescura.
Desde móviles ramas caían en el hueco de mis manos
lampos de luz. Penumbras y fulgores.
Y yo permanecía silencioso, atendiendo: a veces, por la noche,
percutía la lluvia sobre las tersas hojas
y era mía su música tranquila.



Alto el monte. ¡Tan limpio el aire y claro el día!
Funicular que trepa ronroneando;
valle abajo, sembrados.
Esquilas:
delirio de metales en lascivos verdores.
Yo, revivificado, bebiendo a grandes tragos
la vida.




Redobladas distancias; mar, de nuevo,
otra ciudad en una mediterránea orilla,
trocados escenarios:
rojo, azul, amarillo… luces en un proscenio.

Madurada la sangre, madurada
pupila, mano, vida,
no los sueños. Esperas, ilusiones:
indicio de carencias.





Castaños en un parque;
fuertes aires de octubre con nubes de tormenta.
Mano que se tendía
encuentra su modesta recompensa.
No obstante
fue apenas una tregua.


 


 

TIEMPO  SEGUNDO
 
EN  EL  MAR
 
 
 
Floraciones con pétalos salinos.
¿Llegadas de qué mares, qué distancias de arena, de fatigas
y olvido?
 

Aromas:
de retamas erguidas y amarillas, mar cadencioso, abierto,
y resina de pinos dilatados hacia añiles violentos.
Risueñas altas nubes,
soles acumulando sus pátinas de azufre.
Nosotros
cruzábamos las dunas maculadas por hierbajos pajizos
y hendíamos oleajes verdiazules
con cribados penachos burbujeantes que el viento despeinaba.
Gaviotas sobre el rítmico batir de las rompientes,
chillando.

 


Tornasoles, destellos en el cóncavo seno de las ondas.
Hundíamos las manos en su fresco
translúcido bullicio: espuma entre los dedos, crepitar inasible.


Atisbos:
pieles oliendo a sal, a bronce hirviente;  juegos, canciones, voces;
los cuerpos, ofuscados por su rudo apogeo,
dispuestos,
turbulentos,
urgidos.
Las jornadas tenían regustos de aventura,
color de lontananzas apacibles
y caracolas tersas.

 


Mediodías de estío, siempre azules
en la memoria oscura.
Perfumado recuerdo de siestas en la umbría.
Nuestras jóvenes vidas en acorde:
aguardos y deseos.
Redondos,
suaves días fluyendo con el aire marino.
Risas como cristales, como truenos. Estrépito de aves,
saeta de sus vuelos en un candente cielo.
Y abierto el mar, el aire, los aromas, abiertas
las ansias –servidumbre-

los cuerpos.
la vida,
-ventanas:
azul, rojo, amarillo-
impreciso misterio creciendo con nosotros,
abiertos
a aquello por venir, al riesgo y al acaso
y al amor, brusco fuego
amargo;
amor, cual una nube
nocturna,
hálito de alfileres y torrentera ciega,
gravamen
de sed que no se aplaca, sed que duele
al trepar por las venas.
En la espuma, crédula, nuestra mano
aguardaba otra mano, otra piel, otra vida que un día
se uniría a la nuestra.
(Amábamos amar; tal vez bastaba
la sola  dulce idea, la palabra, el sonido
del amor,
y era nuestra su azul incandescencia.)
Ah, esperanzas, quimeras:
el ansia, una ballesta.

 
Gaviotas
colgadas de la brisa, impacientes buscando
festines.


 
Suena, murmura, ruge el mar inmenso.
Esperas y deseos y aroma de retamas,
El agridulce juego de la vida.




RESCOLDO DE LOS DIAS

TIEMPO  PRIMERO

VIDRIERA








Cada día es espejo de otros días
pasados y futuros.

Reflejos
fugaces y penumbras.


Losanges de colores: azul, rojo, amarillo...
entre gruesas oblicuas líneas negras;
tintando
deslucidas baldosas,
tintando
la mano que tendíamos a su tenue substancia;
débil mano de niño
rasgueando la luz,
envuelta en espectrales gránulos danzarines
dorados
cual humo de topacios.
En vano
era el intento, en vano las manos extendidas hacia el oro, hacia el fuego.
Intocables. Apenas
destellos
sobre la piel, barnices coloridos. Azul, rojo, amarillo...
disfraces.


Nosotros
en silencio; fisgones, acechando
secretas predicciones, indicios, testimonios...
señales
de alguna incuestionable correspondencia mágica.
¿Favorable o adversa?   Inquietudes
como de hojas que caen en otoño,
o un agua que no puede estarse quieta y rueda, corre, brinca
traviesa
buscando cauces sobre musgo y piedras oscuras.
Y nuestra vida toda era un estruendo quieto.
Atentos. Esperando. ¿Qué prodigios?
Saeta preparada
al vértigo letal de la distancia,
al empellón del arco, al temblor del arquero;
vela que ansía el viento. Y el viento que no llega.



Ventanas.
Deliciosas y fútiles las horas,
y  afuera,  madreselvas; caricias de la brisa;
blanco aroma  de  flores;  sonrosados
vapores  marineros en apacible cielo.
Resoles.
El  tiempo todavía  era  un  amable  juego.


Pequeñas criaturas bulliciosas:
gorriones,
acróbatas tensando con su emplumado peso
un cable del tendido
eléctrico.
Chillidos.
Hurgadores  ojillos avistando
la vida  del  gusano.



Y nosotros
con qué expresión tan grave, en aquel mirador alucinante,
absortos
ante el cerrado enigma de las cosas
y, al tiempo,
completamente ciegos a su esencia.
A través de nosotros fluían universos a  modo
de  dispersas  sustancias  inadvertidas, densas de soledad  y  tiempo.
Pero no lo sabíamos.
Callados observando. ¿Para dilucidar cuáles arcanos,
qué incomprensibles signos, qué presagios?
Atentos,
espiando a las pardas figuras de las aves,
al gusano en su fuga
inútil
bajo jugosos mástiles de hierba,
a la nube alabeada que se extiende y afina somnolienta,
al sol de la mañana de joven primavera,
demandándoles… ¿qué?


Frívola, deleitosa suma de horas. Atmósfera ligera,
sol tibio.
Rojo, azul, amarillo: la hermosura del mundo…
vida entera sumida en la pupila
hecha interrogaciones,
aguardos y deseos.



Nunca trajo respuestas el aire jaranero.
Llegó lo no esperado, flecha ciega.

 

 


 

 




jueves, 2 de junio de 2016

Hace mucho tiempo, cuando decidí no continuar escribiendo poesía, estaba casi terminado un poema que ya no corregí y, por lo tanto, quedó fuera de este blog. Entonces esa supresión me pareció correcta, pero posteriormente comencé a pensar que este ciclo en blogger quedaba así incompleto, mutilado, y que era necesario enmendar el error, finalizando el poema y dándolo a conocer. Pero la ejecución se fue postergando también.
En vez de una corrección en frío, hubiese sido necesario reescribirlo, y no valía la pena, de modo que por fin simplemente se modificaron un par de versos y se dejó como estaba. Así se publica ahora, con todos sus errores, como cierre definitivo de esta experiencia.

martes, 16 de febrero de 2016


VI - La Gleichschaltung
 

              Esta palabra designa el conjunto de medidas administrativas y legales  llevadas a cabo por el régimen nacionalsocialista a partir de su llegada al poder el 30 de enero de 1933. Desde un punto de vista político, la traducción sería coordinación o unificación. Se trata de un proceso de centralización de todos los organismos e instituciones rectoras de la vida pública, conducido hasta lograr un férreo control sobre la población en todos los aspectos de la existencia social. El objetivo de esta política –ciertamente exitosa-  fue propagar un tipo específico de doctrina –pensamiento único- eliminando cualquier atisbo de discrepancia individual.

 

            Desde aquel año hasta 1937, el Partido fue eliminando todas las organizaciones no nacionalsocialistas capaces de ejercer influencia sobre los ciudadanos: clubes, sindicatos, partidos políticos; también iglesias, para cuyo manejo creó un Ministerio de Asuntos Eclesiásticos. Desterró incluso las sociedades völkisch o esotéricas como la Thule, cuyo sentir había asimilado pocos años antes. Paralelamente, consciente de la necesidad de infiltrar su ideología en los más jóvenes, estableció una serie de organizaciones juveniles de pertenencia obligatoria, en las que el adoctrinamiento era constante. Pimpfen, similar a los Boy Scouts, para chicos de 6 a 10 años; Deutsches Jungvolk, para los de 10 a 14 y Juventudes Hitlerianas, Hitler Jugend entre los 14 y 18 años. En todos estos grupos se fomentaba un patriotismo absoluto, el culto del Führer y valores militares como fuerza,  deber, valor y obediencia ciega.
 

          Ningún cabo se dejaba suelto, y el régimen se aseguró de que todo ciudadano formara parte de algún grupo controlado por el aparato estatal. La Gleichschaltung incluía, pues, una Unión o Liga de chicas, Bund Deutscher Mädel y otra para los trabajadores, Fuerza a través de la Alegría, Kraft durch Freude Estas y otras organizaciones similares maximizaban el alcance del adoctrinamiento, que comenzaba desde la escuela.

 

            Naturalmente, por persuasiva que sea  la ilusoria realidad así creada, siempre habrá individuos resistentes al engaño. Para ellos, lo mismo que sucediera en EEUU en 1917, el sistema tuvo un formidable aparato represivo: la Gestapo (Policía Secreta del Estado, GEheime STAatsPOlizei), creada en abril 1933. Imposible detallar las enormidades cometidas por este organismo.  Mencionaremos sólo uno de sus muchos abusos, la custodia preventiva (Schutzhaft): encarcelamientos no sujetos a ningún procedimiento legal y de tan aberrante naturaleza que el preso debía firmar un documento expresando su deseo de ser encarcelado. Esa firma se conseguía siempre, por tortura o por el miedo a ella. También en este aspecto la experiencia nazi superó a su predecesora estadounidense.

            Son muchos y de muy diversa índole los testimonios que describen el clima de pavor y recelo en que vivió aquella ciudadanía. Entre ellos mencionaremos “Terror y Miseria del tercer Reich” (Furcht und Elend des Dritten Reiches),  Bertolt Brecht 1935-38, serie de 24 breves piezas teatrales, un inventario de  violencia, delaciones y crueldades que hacen pensar en la capacidad humana para el daño.  Pero también  existen  narraciones que llaman la atención sobre los supuestos verdugos, como la novela “El lector” (Der Vorleser) de Bernhard Schlink, 1995, que considera los dilemas morales que puede plantear el juicio de los culpables y la responsabilidad individual frente al  cumplimiento de las órdenes, en un sentido que se aproxima a lo que Hanna Arendt llamó banalidad del mal.

            No es posible comparar el horror del nazismo con la violencia psicológica ejercida por el Comité Creel, del mismo modo que, según hemos visto, no son equiparables los respectivos contextos históricos. Sin embargo, el elemento generador en ambos fenómenos, una apabullante manipulación de la opinión pública, sí es similar más allá de todo elemento diferencial. Se trata de dos casos de distorsión de la realidad, planificada y llevada a cabo deliberadamente por el aparato del poder institucional, con el apoyo de partes  importantes de la clase económica dominante y de los medios de comunicación de masas, que jugaron un papel crucial transformados primero en secuaces de los gobiernos, para llegar a ser posteriormente elemento constitutivo y portavoz del poder corporativo, es decir del Poder. Al mismo tiempo, se trató de un fracaso o fallo de las respectivas ciudadanías, que no supieron o pudieron detener aquel proceso.

            Este trabajo ha pretendido únicamente mostrar cómo se desarrollaron estos dos gigantescos engaños del siglo XX. Por detrás del mero recuento de los hechos, el lector debería entrever causas profundas, peligrosos métodos psicológicos y, muy especialmente, reflexionar acerca de la fragilidad de unas  sociedades que con tal facilidad son dirigidas contra sus propios intereses. Mientras la mente colectiva sea tan permeable a la tramposa sugestión de “los de arriba” no habrá ninguna manera de edificar una sociedad justa para “los de abajo.”
 
Mario España Corrado
Palencia, 2015-16
 

 

 

V - Espíritu del Pueblo  y Espíritu del Tiempo
 

En la primera de las notas hablamos de la importancia del concepto Volk (pueblo) para la ideología nacionalsocialista, y de sus derivados völkisch, que podría traducirse como popular, y también Volkgeist, especie de esencia o espíritu cultural del pueblo (7). Esta última noción resulta imprescindible para comprender el fenómeno nazi y los factores específicamente alemanes que le dieron origen. El mismo Hitler resalta la importancia ideológica de estos elementos al afirmar “los ideales völkish son los ideales del nacionalsocialismo” (Mein Kampf).
 
La tradición cultural del “espíritu alemán” experimentará la influencia de Lorenz von Stein (8) y de Bismarck, agregando factores sociales pero desembocando en una noción autoritaria de Estado que demanda orden, disciplina y control. Asimismo se suele señalar el ascendiente de Ernst Forsthoff  (1902 – 1974) jurista vinculado a la Revolución Conservadora (9) que postula,  para resolver los problemas alemanes, una forma de sociedad en la que los individuos se subordinen al Estado Absoluto o al Volk, bajo la dirección de un líder. Ciertamente es posible mencionar muchas otras influencias en similar sentido (10), sin olvidar a Nietzsche (11).
 
Paralelamente a estas ideas y muchas veces contenidos en ellas, latían sentimientos de rechazo del racionalismo, con presuntas explicaciones científicas para sostener determinadas visiones del mundo, como la “ciencia” expuesta por Eugen Fischer  que sería básica para decretar el exterminio judío por “higiene racial.” En ese contexto “popular” surgieron asociaciones que promovían el retorno romántico al pasado, e incluso sociedades ocultistas como la Thule (Thule Gesellschaft), dedicada a reivindicar los orígenes raciales arios, que patrocinaría al Partido del Trabajo, núcleo original de lo que luego sería el Partido Nacional Socialista.
 
Sirvan estas pinceladas –quizás demasiado extensas y pese a ello incompletas- para dar una idea aproximada de las complejas y tensas corrientes de pensamiento que recorrían la sociedad germana de los años 20 y 30. También, del carácter de aquel preciso momento histórico, el clima intelectual y cultural que a su vez se inscribía en el de toda la época, pasado y presente: el Genius saeculi, que en Alemania se llamará Espíritu del Tiempo, Zeitgeist. Una inquieta amalgama de prejuicios, mitomanía, preconcepciones, percepciones políticas elitistas… y por debajo de todo ello un trasfondo de orgullo herido por la derrota en la guerra, más el shock de la Gran Depresión, y ciertos estándares culturales  como el aprecio por las normas y el orden.
 
Sobre la base de todos estos elementos podemos arriesgarnos a suponer que, en el caso de la sociedad alemana, la aceptación de las propuestas del régimen nacionalsocialista y del modelo de sociedad y de Estado que estas suponían,  se produjo no solamente por la habilísima manipulación que estimulaba sus complejos y su ego sino también, parcialmente, porque satisfacía de modo inconsciente algunas de las aspiraciones de una parte importante de la población.  Vemos entonces que procedimientos iguales a los estatuidos en 1917 para la sociedad estadounidense, aplicados sobre un “espíritu popular” enteramente distinto, obtuvieron un resultado equivalente e incluso superior, dada la magnitud del delirio en que Alemania estuvo inmersa.  Naturalmente resultó básico para obtener dicho resultado el modo en que fue llevada a cabo la campaña de lavado de cerebro.

 
Ilustraciones:

Arriba  Hindenburg mostrando a los culpables de la “puñalada por la espalda” 
Abajo  El héroe nazi matando al monstruo judeo-comunista.





NOTAS

 


 
     
7)      En la Introducción a la “Filosofía de la Historia” Hegel dice que el sentimiento que un pueblo tiene de sí mismo constituye una entidad, que es el Espíritu de dicho pueblo. Dentro de la totalidad (Gesamtheit) constitutiva de tal Volksgeist, hay una naturaleza, un suelo (país, patria) una historia que pervive en la memoria de cada individuo, unas instituciones, costumbres, leyes, religión, etc. Cada uno de estos factores es importante, aunque lo determinante es la totalidad.
 

 
 

8)      Lorenz von Stein (1815 - 1890) economista y sociólogo alemán  Formuló una interpretación económica de la historia en la que habla de lucha de clases y proletariado pero rechazando la solución revolucionaria, que define como un “proceso de las clases que buscan ascender socialmente."  Para evitarla, propone una “Monarquía social” que actúe realizando reformas en aras del bien común para evitar desorden y confrontación social. Sus ideas están en la base del llamado Estado Social (Sozialstaat).
 


9)      Movimiento Revolucionario Conservador (Konservative Revolution). Movimiento nacionalista alemán de la primera postguerra que  promueve un nacionalismo "nuevo", auténticamente alemán y concretamente prusiano Con el fin de frenar la “marea comunista” propugna una versión derechista del socialismo basada en el “cristianismo aplicado” o “socialismo de estado” bismarckiano , es decir otra forma de Estado Social 
 
10)       El filósofo frances Joseph Arthur de Gobineau (1816 - 82) en su “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas” (1855) afirma la superioridad absoluta de la raza aria, por poseer "el monopolio de la belleza,  la inteligencia y la fuerza." Cuarenta años más tarde será apoyado por Houston Stewart Chamberlain (1855 - 1927) que en “Los fundamentos del siglo XIX” (1899)  expondrá las bases del pangermanismo y la necesidad de mantener la pureza racial de los teutones, “alma de la civilización.” Aunque existen otras teorizaciones destacables en la misma línea ( Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca, Robert Michels) cerraremos este apartado con Benjamin Kidd (1858 – 1916), parte de un movimiento que incorpora el darwinismo al estudio de las sociedades (Darwinismo social, basado en la creencia de la supervivencia del más apto).  En su obra póstuma “La Ciencia del Poder”  (The Science of Power – 1918), muy apreciada por quienes propugnaban gobiernos fuertes no socialistas, dice: “Nuestra civilización ha surgido como resultado de un proceso de fuerza sin paralelos en la historia de la raza.. Por épocas inmemorable el combativo macho europeo se ha desbordado a través de Europa en sucesivas olas de avance y conquista, venciendo, exterminando, aplastando, dominando, tomando posesión. Los más aptos, que han sobrevivido a esas oleadas, son los más aptos por el derecho de la fuerza y en virtud de un proceso de selección militar, probablemente el más largo en la historia, el más duro  y más elevado al que la raza ha sido sometida”. Tal “macho” como máquina de combate que introduce el “espíritu de la guerra” en todas partes, crea el culto total de la fuerza como “principio último” pues “por la fuerza ha conquistado el mundo y por la fuerza lo controla.”  El nazismo utilizará ampliamente este culto “viril”.
 



 

11)   El concepto nietzcheano de voluntad de poder (der Wille zur Macht) fue objeto de una tendenciosa interpretación para justificar las tácticas políticas nazis, como también lo fue el de Übermensch, suprahombre o ultrahombre, que para el filósofo alemán era aquel ser noble que acepta la voluntad de poder y crea sus propios valores.

 



 

 

 

 
 
Fotograma del film "El triunfo de la voluntad", de Leni Riefenstahl
 
IV - La propaganda nazi
 
 


El nazismo utilizó la propaganda como un arma, aunando los métodos de persuasión anglosajones de la Gran Guerra con un agregado político-ideológico –como también hiciera la URSS- para controlar y guiar a las masas, embarcándolas en una guerra de conquista. Hasta aquí no se perciben grandes diferencias de procedimiento entre los diversos sistemas de manipulación. El engaño y su posible valoración moral son similares.

 

            En el plano formal sí aparece una disparidad importante en el manejo de elementos simbólicos, uno de los aspectos que el nazismo cuidó con más esmero. A diferencia del CPI, que debió de actuar urgentemente, apenas en unas semanas,  para hacer frente a un hecho consumado no previsto, Goebbels dispuso de seis años para preparar con todo detalle sus técnicas de control.  Según él mismo afirmaba, para que la propaganda sea percibida de modo eficaz debe de suscitar en la audiencia el máximo interés. Por eso se requiere que sea transmitida a través del medio más idóneo para llamar poderosamente la atención. El nazismo desarrolló así lo que podríamos llamar propaganda-espectáculo, basada en un sentido casi ritual de la comunicación directa: concentraciones, manifestaciones, asambleas, desfiles, arengas, orquestados con impecable sentido teatral y una elegante estética de la monumentalidad. En esto no ha sido superado, aunque ha tenido epígonos como China y Corea del Norte.

 

Nunca se dejó de lado la propaganda impresa; folletos, libros, periódicos, omnipresentes fotos del Führer, carteles empapelando las calles … hasta que, ya en guerra, disminuyeron drásticamente las existencias de papel. Tampoco se descuidaron otras modalidades, como el noticiero cinematográfico tan en boga en aquellos años, el documental o el mismo cine, para lo que contaron con el inmenso talento de Leni Riefenstahl (4).

 

Al mismo tiempo, Hitler había observado la efectividad de los agitadores públicos y confiaba plenamente en la capacidad de persuasión de la oratoria: (5)la fuerza que mueve avalanchas políticas y religiosas es el mágico poder de la palabra hablada. Las grandes multitudes pueden ser movidas solamente por el poder de los discursos. Todos los movimientos importantes son movimientos populares, erupciones volcánicas de pasiones y de emociones humanas, fomentadas bien por crueles dioses del dolor o por la antorcha de la palabra arrojada entre las masas, no por chorros de limonada de los estetas literarios y de los héroes de salón.”  Los actos públicos permiten entonces, como si se tratase de una ópera wagneriana (la obra de arte total, Gesamtkunstwerk)  (6)- la conjunción de todos los elementos en una unidad en la que cada parte está diseñada para complementar a las otras dentro de un todo homogéneo. Tanto si se trata de una concentración como de un desfile, el espectáculo propagandístico masivo no deja nada al azar: tribunas escenográficas adornadas con esvásticas, música, multitud de banderas y estandartes, carteles gigantescos… incluso la exacta disposición geométrica de cada elemento en el espacio… y  coronando todo ello, la presencia física del Führer, los discursos exaltados, el griterío, los eslóganes simples, sintéticos, claros, coreados con fervor por la muchedumbre inteligentemente conducida, paso a paso, hacia el desborde emocional que ha de renovar su adhesión y fidelidad a la terrible visión del mundo que el régimen le proporciona.

 

Algunos textos hablan de sociedad “hipnotizada” o “asediada con símbolos”. Parece indudable que sin toda esta parafernalia artificiosa, apoyada por el control total de los media, sería difícil explicar el enorme apoyo popular al nacionalsocialismo en aquellos primeros años, aunque se puedan agregar motivaciones ideológicas basadas en el carácter alemán.

 

Al hablar del método CPI en el primer módulo, decíamos que se trató de una herramienta capaz de actuar sobre todos los órdenes de la vida nacional, para producir un determinado efecto sobre la opinión pública. El nazismo perseguía el mismo objetivo, aunque la situación previa en Alemania era muy distinta, porque sus características históricas y culturales también lo eran. A fin de que esto se comprenda mejor, intentaremos resumir brevemente algunos elementos clave de aquellas características.

Cartel del film "El triunfo de la voluntad"
 
 
 
 
 





 
NOTAS

 
4)  Helene "Leni" Riefenstahl, (1902 - 2003) saltó a la fama con su primer film, La luz azul (Das Blaue Licht, 1932) siendo una de las primeras directoras de cine aclamadas por público y crítica.  Hitler le ofreció filmar la concentración que el NSDAP realizaría al año siguiente en Nurenberg. Este encargo se concretaría en un ambicioso proyecto que constituye lo que ahora se conoce como Trilogía de Nurenberg: Victoria de Fe (Der Sieg des Glaubens, 1933), El triunfo de la voluntad (Triumph des Willens, 1934) y Día de libertad: nuestras Fuerzas Armadas. Esto la convirtió, pese a sus malas relaciones con Goebbels- en una figura fundamental del círculo cultural nazi. En 1938 presentó Olympia, un formidable megadocumental de 4 horas relativo a los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín.  La notable calidad de su obra, su estilo de rodaje y post producción e innovaciones técnicas ejercieron una larga influencia sobre directores posteriores, aunque tras la guerra su carrera cinematográfica quedó truncada.
   

 5)   Comenzó a ejercitarse en los grupos que se formaban en las cervecerías, estudiando luego declamación y dicción con un cantante de ópera, llegando a convertirse en un orador de indudable talento. Conocía la importancia del lenguaje corporal y ensayaba metódicamente sus presentaciones públicas,  que eran como pequeñas ceremonias con un desarrollo rítmico muy preciso. En las fotos tomadas por su fotógrafo personal aparece probando gestos y posturas para  resaltar la imagen que quería transmitir conforme a la creencia aria en las virtudes masculinas de fuerza y valor.

6)  En "La obra de arte del futuro" (Das Kunstwerk der Zukunft, 1849) Richard Wagner plantea el concepto de obra de arte total, categoría que integraba música, poesía (el texto), teatro (la representación escénica) y artes visuales (escenografía, vestuario, utilería). Concedía vital importancia a la creación del ambiente mediante iluminación y efectos especiales o de sonido, con la finalidad de concentrar por completo la atención del espectador en lo que ocurría en el escenario. El público debía quedar totalmente inmerso en el drama y en sus significados.

 

 
 







-II-

Inicio de la prédica hitleriana

 Si bien la puesta en marcha de aquella sistematización se producirá a partir del ascenso del partido nacionalsocialista al poder en 1933, los elementos teóricos están ya íntegramente presentes en esa curiosa mezcla de autobiografía idealizada, patraña pura y manifiesto ideológico que es “Mi lucha” (Mein Kampf), de Adolf Hitler.  El primer tomo apareció el 18 de julio de 1925 con el subtítulo «Retrospección»;  el segundo,  «El movimiento nacionalsocialista», se publicó en 1928. Estos textos adelantan cuestiones y proyectos que serán desarrollados más tarde desde el gobierno: el doble peligro de  la conspiración judía mundial –unido al estereotipo del judío avaro-  y el comunismo ruso, así como la necesidad de obtener más territorio físico para Alemania, en especial avanzando  hacia el este (Drang nach Osten), un espacio vital (Lebensraum) imprescindible para realizar el “destino histórico” de su pueblo. Las funciones y técnicas de la propaganda merecen especial atención y les dedica dos capítulos: el sexto del primer tomo  y el  undécimo del segundo. En ese tema, como en su particular concepto de pueblo (Volk) (1) y de liderazgo, Hitler patentiza una fuerte influencia de  Gustave Le Bon (1841 – 1931),  psicólogo social francés que analizó la propaganda como medio racional idóneo para hacer frente al comportamiento irracional de las masas. (2)

El capítulo sexto de “Retrospección” comienza diciendo: Durante la Gran Guerra empezó a observarse qué gran resultado podía deparar una propaganda bien llevada. Desgraciadamente todo tenía que ser aprendido del enemigo”…es decir de los procedimientos del Ministerio de Información inglés y el CPI que han sido objeto de los módulos anteriores. Hitler elogia explícitamente tales métodos: Fue un error fundamental ridiculizar al adversario como lo hacía la propaganda de las hojas humorísticas de Alemania. // Opuestamente, la propaganda de guerra de ingleses y   americanos era psicológicamente adecuada .//. Prueba del admirable conocimiento de la emotividad primitiva de la masa la constituyó su propaganda de las ‘atrocidades alemanas’, [nuevamente la técnica llamada atrocity propaganda] perfectamente adaptada a las circunstancias, que proporcionó, en forma tan inescrupulosa como genial, las condiciones  para el mantenimiento de la moral en el teatro de la guerra, aun en el caso de derrotas.”

 

Hitler sostendrá que la propaganda, arma en verdad terrible en manos de quien sabe utilizarla” debe realizarse  “de  modo tan perfecto que provoque  la convicción de  la realidad de un hecho o la necesidad  y  justicia de un procedimiento.” Aquí y en la posterior afirmación de la actitud básicamente subjetiva y unilateral que se debe asumir en relación al objetivo previsto (“La finalidad de la propaganda no consiste en reconocer los derechos de los demás, sino en subrayar con exclusividad el propio”) puesta de relieve con el famoso ejemplo del jabón, se está presuponiendo la “necesidad y justicia” del infundio, la tergiversación, la ocultación y todas las modalidades de manipulación precisas para alcanzar el fin deseado. Efectivamente todo esto
se llevó a cabo, después de 1933, con tal esmero que podemos decir que el discípulo superó con creces a sus maestros anglosajones.
 
 
Cartel "El judío, instigador de guerras"

NOTAS

1)      El equívoco nombre “nacionalsocialista” dado por el anticomunista Hitler a su partido, es visto por algunos autores como un intento de atraer a la gran masa trabajadora proponiéndole, en vez del internacionalismo proletario marxista, una vía estrictamente alemana que uniera lo nacional con lo social. Esa especie de nacionalismo expresado con el término völkisch, palabra que tiene connotaciones de folklórico y de populista, sería la versión germana de cierto sentimentalismo tradicionalista derivado de una visión romántica del pueblo (Volk) con sentido étnico, tal como se expresa en los Discursos a la nación alemana de Johann Fichte o en las reflexiones de Richard Wagner.  Para el nazismo el “pueblo” era, entonces, una comunidad de raza poseedora de una determinada “esencia” o “espíritu”  nacional (Volkgeist),  cuya identidad se mantiene a través de los siglos. Esto explica en parte el fuerte racismo y la xenofobia de aquel régimen, o el pangermanismo aducido para la anexión (Anschluss) de Austria.

 

2)      Le Bon, enemigo acérrimo del socialismo que consideraba irrisoria toda idea de igualdad, teorizó sobre comportamiento de las muchedumbres, características de los pueblos y superioridad racial. Sus obras “Leyes psicológicas de la evolución de los pueblos” de 1894  y “La psicología de las masas” de 1895 cobraron importancia al ser utilizadas por algunos investigadores de los medios de comunicación masivos.  Se suele señalar su influencia sobre Hitler, y también sobre Edward Berneys, el teórico de las Relaciones Públicas mencionado en Módulo I.


 



III - Goebbels y el Ministerio de propaganda

 

 

Mucha tinta ha corrido con referencia a los Principios de la Propaganda de Goebbels. (3) En una obra que lleva precisamente ese título, el Dr. Leonard W. Doob, profesor de la Universidad de Yale reseña diecinueve normas, varias de ellas a su vez subdivididas en dos o tres ítems. Circula ampliamente otra versión que presenta once Principios, más breves y adecuadamente titulados.

 
          Dejando de lado la rigidez de este tipo de clasificaciones etiquetadas, ha de decirse que el mérito de Goebbels fue definir con toda claridad,  sistematizar y llevar a la práctica –eso sí magistralmente- el conjunto de técnicas derivadas de la psicología de masas ya  utilizado durante la I Guerra -varias de las cuales estaban ya mencionadas en Mein Kampf,  según se ha dicho- completadas con observaciones propias.

Del “Principio de simplificación. Individualizar al adversario en un único enemigo” hablamos en el Módulo I:  la síntesis de alemanes, austrohúngaros y turcos produciendo el atemorizador concepto “el Alemán.”  Hitler había recomendado: toda propaganda eficaz debe concretarse sólo a muy pocos puntos y saberlos explotar.” Porque el pueblo, dice, “se compone de criaturas propensas a la duda y a las incertidumbres” de modo que la acción propagandística “tiene que conformarse con poco.”  Además, “ese poco tendrá que ser repetido constantemente. La persistencia, en este caso, es la primera y más importante condición para el éxito.” Es el Principio de Orquestación en la lista de Goebbels, en el que figura su famosa afirmación: "Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad".

 

            Después de tantas menciones a “la masa”, es oportuno enumerar algunas de las características que Hitler le atribuye en ese Capítulo VI de Retrospección: “La gran mayoría del pueblo es, por su  naturaleza y criterio, de índole tan femenina que su modo de pensar se subordina más a la sensibilidad  que a la reflexión. Esa sensibilidad es simple y rotunda, sin muchas diferenciaciones: un extremo positivo y otro negativo: amor u odio, justicia o injusticia, verdad o mentira, pero ningún estado intermedio.” Es decir un total  maniqueísmo que acaba reduciendo todo a la lucha entre el bien y el mal.
 
             “La capacidad receptiva de la gran masa es sumamente limitada, y no menos pequeña su facultad de comprensión; en cambio, es enorme su falta de memoria.”  Tales condicionantes la hacen lenta, lo que obliga no sólo a la persistente repetición, que implica tiempo –“solamente después de repetirles millares de veces los conceptos más elementales, será cuando su memoria los retenga”- sino también a  ser simple y  adaptar su nivel intelectual a la capacidad del más limitado de aquellos a los cuales está destinada. Deberá regularse tanto más hacia abajo, cuanto más grande sea la masa humana que ha de abarcarse.” En Goebbels, esto será el Principio de Vulgarización.
 

            Finalmente, la sensibilidad antes mencionada -“el sentir apasionado y siempre extremista de las muchedumbres”-  aconseja dirigir la propaganda  al sentimiento y sólo en ocasiones a la razón” pues esta vía de la emotividad es la más adecuada para despertar la atención de la gente.

 
            Alguno de estos “principios”, como el llamado “de trasposición” -cargar sobre el adversario los propios errores-, son de validez espacio-temporal tan universal, que no sería justo endosárselos exclusivamente al nazismo. Cuando Hitler insiste en afirmar que Alemania perdió la Gran Guerra a causa de la traición y sabotaje de  judíos e izquierdistas (la llamada “leyenda de la puñalada por la espalda” Dolchstoßlegende), está haciendo, en definitiva, lo mismo que el gobierno Rajoy cuando culpa de la crisis económica a “la herencia socialista” (y. naturalmente, una parte del pueblo lo cree así, tal vez por aquello de la “enorme falta de memoria.”)

 
            Agreguemos que en el “Principio de Exageración y Desfiguración” entraría nuestra ya archiconocida atrocity  propaganda e incluso podría colarse la técnica del gate keeper que reseñamos en el primer módulo. Sería posible continuar la enumeración, incluyendo todos y cada uno de los diecinueve principios mencionados por el Dr. Doob, así como  las múltiples actuaciones de Goebbels en el control de la actividad cultural o creativa. No obstante, entendemos que ello no agregaría nada destacable a lo ya referido en estos módulos históricos, que teniendo como objeto describir el inicio e instauración de una  manipulación institucionalizada en el ámbito occidental moderno, y su relación con los medios de comunicación de masas, no parecen necesitar relaciones más pormenorizadas.  En cambio presentaremos a modo de resumen algunas ideas generales.
 
NOTAS
 
3)     
    Joseph Goebbels se unió al Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores (Nationalsozialistische  Deutsche Arbeiter Partei o NSDAP) en 1922. Cuatro años más tarde fue nombrado líder  político de zona (Gauleiter) para Berlín. En 1930 pasa a ser jefe de propaganda del NSDAP, organizando manifestaciones y quema de libros. En 1933, cuando Hitler asume la Cancillería, es puesto como cabeza del Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda (Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda). Controló íntegramente las manifestaciones culturales (prensa, teatro, radio, cine, bellas artes, literatura), ideó la propaganda radiofónica, redactó los principales discursos del líder y fue la cara visible del régimen.  Gracias a su habilidad retórica, contribuyó eficazmente a la “divinización” de Hitler, presentado como el superhombre nietzscheano (Übermensch), el  indiscutido guía (Führer) supremo, capaz de crear su propio sistema de valores y legitimar como correctos los actos emanados de su voluntad de poder.
  


Cartel del Partido Nacionalsocialista sobre la comunidad del pueblo