Mostrando entradas con la etiqueta De: " Reflexiones apócrifas". Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De: " Reflexiones apócrifas". Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de marzo de 2012

INSISTENCIA

     Amanece y el hombre despierta de estéril ensueño. En distancias de tácito cielo, una estrella resiste bajo el fuego de duras saetas solares. El hombre le dice: "¿Por qué te fatigas?  Tu lucha es inútil."  Pero sigue la estrella brillando:  no puede otra cosa.

     El hombre camina. En distancias de cielo rojizo, parece perdida la única nube, un letargo de púrpura débil y vientre combado.  El hombre le dice: "Holgazana, muy tarde venida al convite del viento, no vuelas, no mudas tu inválido hueco de vaho que lluvias ni sombra depara.  Tu tiempo ha pasado, olvida tu anhelo."  Pero sigue la nube flotando:  no sabe otra cosa.

     El hombre camina y camina por urbes desiertas, por campos vacíos, por sendas borradas, por rutas perdidas. La fatiga en sus huesos es víbora oscura; las manos gastadas, los ojos velados por largos afanes, por ansias perdidas. Camina, camina, camina, camina...  no puede otra cosa.

lunes, 12 de marzo de 2012

ET EGO IN ARCADIA

     En la segunda mitad del siglo XV, un aristocrático guerrero castellano que, además (¡vaya ocurrencia!), era poeta, escribió: "...como a nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor."  En la segunda mitad del XX, el autor de estas líneas hizo de tales palabras la brújula que habría de guiarlo en su particular búsqueda del tiempo perdido, es decir la infancia: Arcadia, Paraiso. SU Paraiso.
     ¿Paraiso? ¡Con qué facilidad nos mentimos! Ante un presente emborronado por circunstanciales -aunque obstinados- nubarrones (que quizás estén solamente en nuestros ojos), volvemos la vista atrás (¡ahhh, las remotas, tersas, dulces, suaves, espléndidas, maravillosas, etc. etc. horas pasadas! ¡Ahhhhhhhh!)  persiguiendo las luces extinguidas. Y esos distantes parpadeos supuestamente rutilantes nos parecen más cálidos, seguros y felices que cualquier otra cosa presente o futura. Lógico: los vemos como deseamos verlos. Todo es cuestión del punto de vista.

     En los intrincados meandros de la recordación, allí donde las flores del olvido ejercen su piadosa misión aliviadora, se despliegan también  generosos racimos de invención, coloreados de realidad ansiada. El pasado verdadero circula por los alambiques de la fantasía, destilando un híbrido de mayor cuerpo y mejor regusto y aroma, con una graduación alcohólica más adecuada para producir esa dulce embriaguez de la nostalgia por algo que jamás existió, que es la más sublime de las nostalgias.
     Gracias a esta capacidad para idealizar retrospectivamente, la rememoración resulta arma eficaz contra la perenne acechanza de las frustraciones, lluvia ácida del alma que conoce indigencias y se duele. Donde había desvanecidas medias tintas, instauramos un lujurioso blanco de plata con reverberaciones irisadas. Como un prestidigitador extrae conejos de su chistera, hacemos brotar del vacío un simulacro de dicha, y el falso consuelo que nos aporta -no somos codiciosos- es mejor que nada.

     El hombre, que para no sentirse desamparado creó dioses a su imagen y semejanza -idealizando también mucho- reinventa constantemente su mundo interior, dominio único, vedado muchas veces a los otros, paraiso e infierno. Porque todo porta en sí su indiviso contrario.

martes, 28 de febrero de 2012

PENSAMIENTO

   Todos los hombres somos como partículas desunidas, esparcidas, de un mismo espíritu, una misma voluntad, en incesante pugna por recomponerse, ser y durar.

lunes, 30 de mayo de 2011

NAUFRAGIO

Ojos de graves mieles. ¿Dónde, aquéllos? Del mirar entrañable, la sosegada límpida corriente; claridad de remansos en una como música de luces.
Tras rebozos de ausencia -cáliz de temblorosa orquídea breve, ronco tallo de azúcar- la voz leve, entre los escorpiones del olvido.
La piel de musgo tibio, desnudada; el abrazo que eterno se creía; los cabellos de cálido azabache... ¿qué son, sino distancia acrecentada? ¿Qué, sino mengua, herida y agonía?
Vana noche sin faros, buque ciego. De hundimiento y quebranto, dilatadas mareas advirtieron.

Soledades, silencio. Nada resulta ser como quisimos; ni siquiera nosotros, caricatura de inservibles ansias.

domingo, 10 de abril de 2011

Monólogo

No asombra que las flores diurnas se cierren, ciegas, al ausentarse el día. ¿De qué sirve dar voces cuando los vientos rugen?  El lenguaje profundo se abraza a los silencios. Monólogo extasiado de saetas, en un aire de esperas detenidas.
Tal vez alguien comprenda.